De la tradición armónico tonal al Atonalismo

atonalLa tríada como base de la armonía tradicional

Podemos definir la armonía tonal como el encadenamiento de una sucesión de acordes de tríada con relación a una nota principal, la tónica, de manera que forman una secuencia significativa y expresiva para el oído acostumbrado.

La tríada es un grupo de tres notas que se tocan juntas. La primera, su tercera y su quinta, por ejemplo DO, MI, SOL. Por si misma es una estructura lógica. La relación de frecuencia entre sus notas es de proporción simple. La reconocemos sea cual sea su altura y la disposición de sus tres notas.

La armonía se ocupa de las relaciones entre los acordes más que de los acordes como tales. Estos sólo adquieren un verdadero significado cuanto se suceden unos a otros. Gracias a ello podemos transportar melodías y secuencias armónicas a otra tonalidad, donde los sonidos ya no son los mismos pero seguimos tratándolos como si lo fuese. Esto es posible porque la música armónico-tonal no está interesada en los sonidos como tales, sino en las relaciones entre ellos.

Podemos considerar el desarrollo histórico de la armonía y el de las formas armónicas como la progresiva introducción de disonancias con el fin de incrementar la tensión y el impulso de resolución.

La culminación del proceso de demora en la resolución y el incremento en la tensión disonante podemos verla claramente en Tristán e Isolda, de Wagner. La fortísima disonancia que se establece en los primeros compases del preludio no se resuelve hasta los últimos compases de la Muerte de amor, casi cinco horas más tarde.

La técnica de la disonancia suspendida es el principal impulsor de la creciente complejidad de las texturas armónicas desde el siglo XVI hasta comienzos del XX. La noche transfigurada de Schönberg y la mencionada Tristán e Isolda tiene extensos pasajes mantenidos por la superposición de cadenas de suspensiones. Una de ellas se prepara en una voz al mismo tiempo que la otra se resuelve en otra. De esta forma la tensión nunca se relaja y nos vemos llevados constantemente hacia delante en el tiempo.

Lo importante no son los acordes sino la relación entre ellos

La naturaleza lógica de la armonía tonal hace que un oído armónicamente afinado pueda aceptar cualquier disonancia siempre que tenga una relación lógica con la estructura armónica global. En la música de Mozart encontramos innumerables disonancias muy marcadas, dispuestas de forma tan sutil y poco evidente que, aunque conscientemente no las percibamos, contribuyen a la calidad emocional de la música.

J.S. Bach, cenit del contrapunto, lo que primero explotó fue el recurso armónico. Si analizamos el primer preludio, en Do mayor, del Libro I de El Clave bien temperado, apreciaremos que las relaciones armónicas constituyen el único material. Bach descompuso los acordes en arpegios para destacar más la textura pero podemos tocar esos acordes como tales y seguir obteniendo placer de esa pura secuencia armónica. Como ya hemos dicho, el efecto producido no proviene de los sonidos individuales ni tampoco de los acordes sino de las relaciones entre éstos últimos. Los acordes individuales son triviales y carecen de significado o interés. El interés les llega al estar asociados en un orden determinado.

El camino hacia la atonalidad

Los últimos compositores románticos acostumbraban a construir estructuras de acordes complejas  disonantes sobre la base de múltiples suspensiones. A veces se oyen notas y hasta frases enteras que parecen haberse alejado tanto de la lógica de la tonalidad, como sucede en Strauss o Max Reger, que han perdido totalmente el contacto con ella y tenemos la impresión de que sólo milagrosamente pueden encontrar el camino de vuelta.

Schoenberg, en 1909, da un paso decisivo en su segundo cuarteto para cuerda. La falta de armadura en la clave no significa Do mayor sino la ausencia de tonalidad y por lo tanto de las relaciones lógicas que la definen.

Al final del movimiento, la tonalidad ‘’principal’’ de la obra, Fa sostenido, se restablece pero el compositor se había asomado ya a un nuevo mundo sonoro, atonal, libre de las exigencias de la lógica armónica en el que se movería con gran libertad y confianza en sus siguientes obras.

Las obras atonales de Schoenberg son tan difíciles para un oyente de formación tradicional por la inexplicabilidad lógica de la armonía y no tanto por un nivel de disonancia especialmente alto. En buena parte de las obras de Strauss encontramos un nivel de disonancia similar pero en ellas la armonía sigue teniendo una explicación lógica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s