La Vihuela

vihuelaDurante los siglos XVI y XVII, este instrumento se consideraba superior a las guitarras entonces existentes y se escribió una gran cantidad de música para él. La caja era semejante a la de la guitarra, con fondo plano. Como en los primeros laúdes, las doce cuerdas, agrupadas en seis órdenes, se afinaban SOL-DO-FA-LA-RE-SOL. La evolución de la guitarra contribuyó al declive de la vihuela durante el siglo XVII y se cree que en la actualidad sólo se conservan dos ejemplares originales.

Una amplia familia de instrumentos de cuerda

Las modernas investigaciones sobre el origen de los instrumentos de cuerda pulsada en España toman como base tanto las referencias iconográficas como las literarias. La evidencia más clara que de ellas se desprende es precisamente la profusión, y a veces la confusión, de signos. En la península Ibérica coexistieron tres áreas geográficas, lingüísticas, culturales, diferentes (galaico-portuguesa, catalano-provenzal y arábigo-andaluza), que seguramente no vivieron del todo aisladas. Esto hizo que, al menos desde el siglo XIII al XV coexistieran en España muchos instrumentos de cuerdas frotadas con un arco, pinzadas con un plectro o pulsadas con los dedos, entre los cuales, desbrozar el origen de la vihuela resulta complicado. Aunque algunas señales sí aparezcan medianamente claras: el origen latino y no morisco del nombre, la especificidad hispano-italiana del instrumento, y la coexistencia en la península con el laúd de origen árabe tañido con un plectro.

Un posible origen extra latino provenzal

En el siglo XVI, y en los años en que la vihuela de mano es ya un instrumento del todo semejante al que hoy en día conocemos, Juan Bermudo opta por consignar en su tratado la conocida historia de Mercurio y su tortuga del Nilo, que procedente de las Etimologías de San Isidoro, resulta tan sugerente, al menos, como otras hipótesis que podrían intentarse. Sería razonable pensar en un origen extra peninsular, latino-provenzal, de la vihuela de arco o viola (con este nombre fue citada la vihuela en Cataluña), que entre los siglos XIII y XV comenzaría a ser tañida en España con un plectro, como el laúd árabe. Posteriormente, la vihuela se consolidaría como instrumento de polifonía, y, al ser necesario tañer más de una voz, comenzaría a ser pulsada con los dedos.

Todo esto parece razonable, desde luego, pero nada nos impide pensar que estamos oyendo cantar a una tortuga que Mercurio encontró a orillas del Nilo… Que allá en la noche de los tiempos, cuando los ríos aún llevaban residuos tan inocuos y tan inútiles, el lodo vivificador del padre Nilo nos dejó en sus orillas la concha y los niervos de un galápago. De éste, que aún resuena en las notas de la vihuela…

‘’… Y también verán cómo en la vihuela se pueden mudar las claves conforme a lo que baxa o sube la obra, que ésta es una de las mayores excelencias que la vihuela tiene sobre todos los instrumentos, allende que es más perfecta por la semejanza y conformidad que el sonido de la cuerda tiene con el sentido humano por ser de carne.’’ (Luys de Narváez, Los Seys libros del Delphin de música, 1538)

Un instrumento limitado pero muy sugerente

La vihuela, con todas las perfecciones de las que habla Narváez, no deja de ser un instrumento de ámbito relativamente limitado -en principio más limitado que el órgano e incluso el arpa. Teniendo en cuenta esto, podemos valorar en su justa medida el talento y la técnica instrumental que hacen posibles estas virtuosas diferencias, en las que se pone en valor el mayor recurso del instrumento: su expresividad, su poder sugerente, elegantemente evocador, antes que explicitar o incluso que decir a gritos. La vihuela no habla, y su decir tiene inflexiones, frases iniciadas, palabras sugeridas, motivos evocados, en un discurrir de voces que buscan la vitalidad y modulación de los sonidos y las virtudes de la armonía.

Todo ello se muestra aún más claramente en las fantasías, obras de carácter mucho más libre, en las que el vihuelista puede desarrollar sus ideas sin otra limitación que las reglas de los tonos, que por otra parte en el siglo XVI comenzaban a ser ya mucho menos rigurosas. En las fantasías de pasos largos el movimiento polifónico más lentamente desarrollado hace posible la glosa. Los ornamentos discurren virtuosamente entre las voces, con una facilidad técnica y habilidad de colocar los motivos seguramente heredadas de las de Alonso de Mudarra, cuya obra Esteban Daza debía conocer y admirar.

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Una respuesta a “La Vihuela

  1. Fernando Fabre

    Gracias.
    No sabía que la vihuela tuviera 12 cuerdas. Por eso su sonido a veces se confunde con el laúd barroco. Son instrumentos que por su exclusivo timbre deberían recuperarse.

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