Las transcripciones de la “Chacona” de J.S. Bach

Manuscrito de la "Chacona"Johann Sebastian Bach (1685-1750) eligió para finalizar su Partita II para violín solo, BWV 1004, la forma Chacona.

Básicamente la Chacona es una danza típica del barroco, escrita en compás de tres tiempos que se basa en el procedimiento de la variación continua, al igual que el Pasacagglia (pasacalle). Se cree que esta forma se originó en el Renacimiento tardío en Latinoamérica, quizá en Méjico o Perú y posteriormente alcanzó gran popularidad en España, durante el siglo XVII. Lope de Vega hace mención al origen transoceánico de esta danza. El origen del término es bastante confuso. Algunos autores lo atribuyen a un famoso marino español, Chacón, otros a una palabra árabe que significa ‘’la danza del rey’’; también una danza española, la ‘’Chica’’, o la palabra vasca ‘’Chocuna’’, que significa bonita.

La chacona de la Partita II de Bach, aunque forma parte de una suite, suele interpretarse aisladamente, ya que por si misma constituye una de las cimas violinísticas de todos los tiempos, junto con la sonata para violín solo de Bartok.

Esta obra ha sido objeto de estudio y de continuos arreglos y transcripciones desde mediados del siglo XIX.  F.W. Ressel (1811-1855) fue quien publicó el primer acompañamiento de piano, dedicado a Meyerbeer, aunque fue el de Mendelsshon el que tuvo mayor relevancia. Schumann también hizo lo propio en 1854 con las seis sonatas para violín sólo. Hubo otros arreglos para violín y piano, como los de Carl Reinecke (1824-1910) y August Wilhelmj (1845-1908), este último incluso hizo un arreglo orquestal.

Posteriormente llegaron numerosas transcripciones, principalmente para piano. Destacaremos algunas, como las de Johannes Brahms,  Ernst Pauner (1826-1905) y Joachim Raff (1822-1882), incluida una curiosa para la mano izquierda del Conde Géza Zichy (1849-1924) publicada en 1879. Pero fue Ferruccio Busoni (1866-1924) quien realizó la mejor  transcripción, aún interpretada en nuestros días. Él mismo la estrenó en Boston el año 1893.

Las transcripciones para guitarra

En cuanto a las transcripciones para guitarra, aparecen en el siglo XX, siendo la primera la de Andrés Segovia (1893-1987). Esta transcripción sigue las líneas de las de piano de la época romántica, especialmente la de Busoni, en aspectos como la adición de notas de relleno y la inclusión de indicaciones de tempo y expresión. La utilización de bajos añadidos no es excesiva y el primer pasaje de arpegios está bastante próximo a la realización en el violín. Quizá haya demasiados cambios de timbre en las digitaciones de segunda y tercera cuerdas (algo muy habitual en todos los arreglos de A. Segovia) que alteran el fraseo original.

En 1960 Narciso Yepes (1927-1997) realizó una transcripción técnicamente más ambiciosa. Utilizando las capacidades armónicas de la guitarra llega a emplear a veces acordes de seis sonidos que mantienen una sonoridad muy amplia a lo largo de toda la pieza. Igual que Segovia, Yepes indica la dinámica. En el primer pasaje de arpegios comienza con un esquema de fusas para luego pasar a seisillos, volviendo a las fusas normales hacia la mitad de la siguiente variación, concretamente en el compás 109. En el compás 113 regresan los seisillos, en este caso variados, repitiendo tres veces la nota más aguda del arpegio, y finalmente en el compás 117 vuelve el esquema original de seisillos de fusas. Esta transcripción mantiene el incremento de la tensión expresiva, aunque no es totalmente fiel al patrón de variación sugerido por Bach.

La transcripción de Karl Scheit fue publicada en 1985. Utiliza ligaduras de trazo discontinuo para indicar los ligados originales. Sus indicaciones de digitación son más escasas y no hay grafía para la dinámica. En cuanto a los arpegios, son similares en cuanto al ritmo a los de Segovia.

Abel Carlevaro publicó en 1989 sus transcripciones de las sonatas y partitas de Bach, como parte integrante de sus clases magistrales. Esta edición incluye, además de la propia partitura, una introducción histórica y las razones que justifican su transcripción para guitarra. Carlevaro explica los aspectos técnicos de cada variación y sugiere ejercicios de técnica para superar las dificultadas que entraña la obra. También proporciona interpretaciones alternativas para ciertos pasajes.

Otras transcripciones recientes dignas de mención son las de Rodolfo Betancourt y Ricardo Iznaola, esta última acompañada de un extenso estudio analítico.

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