Los últimos días de un genio

beethoven1Tal día como hoy, 26 de marzo, fallecía una de las figuras más importantes de la Música de todos los tiempos. Recordemos hoy sus ultimos días.

Beethoven se había retirado a finales de septiembre de 1826 con su sobrino, convaleciente tras su intento de suicidio, a casa de su hermano Johann, en Gneixendorf, a orillas del Danubio. Era un lugar agradable, cuyos campos le recordaban su patria renana. Johann había ofrecido 6.000 florines al médico que lograse curar la sordera de Ludwig. Las relaciones pues, entre ambos hermanos,  eran cordiales, olvidando las diferencias surgidas catorce años antes en Linz.

Un frío día de diciembre

La vida de Beethoven en Gneixendorf era metódica. Se levantaba a las cinco y media y escribía durante dos horas. Después del desayuno paseaba por el campo con su cuaderno de notas hasta las doce y media. Tras la comida, nuevamente al campo hasta la puesta de sol. Cuando terminaba de cenar a las ocho trabajaba un poco más y se acostaba a las diez.

Un frío día de diciembre Beethoven abandonó la casa de Johann para ir a Viena. El viaje fue fatal para su salud. Al llegar enfermó de pleuresía y cuando se hubo curado apareció hidropesía, enfermedad que progresó rápidamente. Necesitó varias sesiones para extraerle el agua. Con el vientre fajado debido a la hinchazón es fácil imaginarse su sufrimiento y sus repentinas explosiones de ira. Sin embargo no perdió las esperanzas de curación. Confiaba en el doctor Malfatti.

Durante su enfermedad, Beethoven estuvo acompañado por sus amigos. El 16 de diciembre de 1826 le visitó Ludwig Cramolini, joven cantante y director a quién Beethoven conoció cuando aún tenía voz de niño soprano. ‘’Me contempló –cuenta Cramolini- con los ojos muy abiertos y brillantes y después me tomó con la mano izquierda y dijo: ‘’Así que este es el pequeño Ludwig. Y hasta tiene novia. Una hermosa pareja y dos excelentes artistas, según he leído.’’ Entonces Cramolini cantó ‘’Adelaida’’ y su prometida, Nanny, entonó el aria de Leonora, de Fidelio. Beethoven apretó emocionado la mano de los dos jóvenes. Cuando abandonaron la habitación sintieron que nunca más volverían a verle.

Johann Nepomuk Hummel visitó a Beethoven en varias ocasiones acompañado de Hiller, un joven pianista de 17 años. El 13 de marzo de 1827, postrado en la cama, dijo a Hummel: ‘’Eres un hombre feliz. Tienes una mujer que te cuida y te quiere, pero yo, pobre de mí.’’ El día 20 volvieron a verle y su debilidad era extrema. ‘’Seguro que pronto me iré hacia arriba’’ dijo con voz susurrante y entrecortada.

Las escenas más emotivas de los últimos días de Beethoven fueron protagonizadas por el hijo de von Breuning, gran amigo y vecino. El niño de trece años era su más asiduo visitante. En sus cuadernos de conversación escribía: ¿Qué sopa prefieres para mañana? Deberías sudar más. Tu violonchelo está lleno de polvo. Mañana tendrás tu nuevo almohadón. Malfatti es tu mejor amigo, te quiere mucho.’’

El final se acerca

Las perspectivas de curación eran cada vez más lejanas. A primeros de febrero recibió varias satisfacciones. La Sociedad Filarmónica de Londres le regaló 100 libras esterlinas. También recibió un piano de cola Broadwood y una colección de lujo de las obras de Haendel.

Cuando el 24 de marzo Schindler visitó a Beethoven, el doctor Wawruch le dijo: ‘’Beethoven se nos va a grandes pasos hacia el fin.’’ Al marcharse el doctor, el enfermo, casi moribundo, les dijo: ‘’Plaudite, amici, coemedia finita est.’’ (Aplaudid, amigos, la comedia ha terminado). A mediodía un empleado de von Breuning trajo un cajoncito de bebidas. ‘’¡Qué pena, demasiado tarde!’’. Estas fueron quizá sus últimas palabras. Al atardecer perdió el conocimiento y comenzó a delirar.

El compositor y amigo de Schubert, Hüttenbrenner cuenta que al entrar en el dormitorio de Beethoven a las tres de a tarde del 26 de marzo encontró a Breuning con su hijo, a la esposa de su hermano Johann y a Schindler. A las cinco cayó un rayo que iluminó el dormitorio. Entonces Beethoven levantó la mano derecha con el puño cerrado y miró fíjamente hacia arriba con un gesto serio y amenazador. La mano cayó sobre el lecho, sus ojos ce entrecerraron y su corazón dejó de latir. La muerte le traía al fin el reposo que no tuvo en vida.

El mundo postrado ante ‘’el general de los músicos’’

El sepelio tuvo lugar el día 29 de marzo a las tres de la tarde. Las escuelas cerraron y una muchedumbre de más de 20.000 personas acompañó al gran genio, ‘’el general de los músicos’’, en su último viaje. Una banda de música tocó la marcha de la sonata en la bemol y también se escucharon las palabras del miserere de la gran Misa Solemnis. Después vino la marcha de la ‘’Heroica’’. Qué gran contraste con aquél lejano día de diciembre en el que el pobre Mozart era enterrado en la más absoluta soledad.

Beethoven no fue del todo desgraciado. Toda Viena, frívola y mundana, pero también humana, estaba allí mostrando su respeto, admiración, gratitud y también desagravio.

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