El carácter de la música de Beethoven

beethoven1Ludwig van Beethoven falleció el día 26 de marzo de 1827. Fue el heredero de Mozart, Haydn y en general de las formas musicales clásicas, ya desarrolladas pero susceptible de seguir creciendo. Las nuevas y poderosas fuerzas que caracterizaban la sociedad de su época se hicieron sentir en su música.

Históricamente, la obra de Beethoven está estructurada sobre los triunfos del clasicismo. Las circunstancias externas y su propio genio transformaron la herencia clásica, dando lugar a un estilo que sería la fuente de muchos de os elementos del posterior período romántico. Pero Beethoven no es clásico ni romántico, es simplemente Beethoven, un coloso entre dos siglos.

Luchando con la Música

Una aspecto que llama la atención al comparar la producción sinfónica de Beethoven con la de Mozart o Haydn es la disparidad en el número de obras. Nueve sinfonías parecen pocas si las comparamos con las cincuenta de Mozart o las más de cien que escribió Haydn. En parte podemos explicarlo diciendo que las sinfonías de Beethoven son más extensas, pero sin duda la clave está en la dificultad con la que componía. Son famosos sus cuadernos de notas, que utilizaba mientras paseaba y donde registraba una de las muchas versiones preliminares de sus obras. Por ejemplo, el número de páginas de los apuntes del Cuarteto op. 131 es tres veces superior al de la obra definitiva.

La música de Beethoven procede, más que la de cualquier otro compositor, de su propia personalidad. Es por lo tanto fundamental, para entender su ora, conocer algo de su propia vida. Sir Julios Benedict describió así a nuestro genio la primera vez que lo vio, en 1823:  ‘’Un hombre de corta talla, rubicundo, de cejas pobladas y ojos penetrantes. Vestido con un abrigo tan largo que le llegaba a los tobillos. Ningún pintor podría reflejar la expresión de aquellos pequeños ojos taladrantes. Era una sensación combinada de sublimidad y melancolía. A veces aparecía una risa forzada, indescriptiblemente penosa…’’

La Naturaleza dicta la música

Esa ‘’penosa’’ risa probablemente se debía a su sordera, la más horrible de las enfermedades para un músico, que comenzó a manifestarse en 1798 hasta llegar a ser total en 1820. En el célebre ‘’Testamento de Heiligenstadt’’ nos dice: ‘’Debo vivir casi solo, como un proscrito, y sólo puedo mezclarme con la sociedad en caso de auténtica necesidad …’’

Beethoven acostumbraba a componer al aire libre, durante largos paseos. ‘’Me preguntáis de dónde tomo mis ideas. No puedo decirlo con seguridad. Acuden a mí sin invitación. Podría casi tomarlas en mis manos, al aire libre en la naturaleza, en los bosques, durante mis paseos, en el silencio de la noche o durante los primeros albores.

Comparando la música de Beethoven con la de sus predecesores, lo más destacable es la energía derivada de la hazaña que suponía para él componer. Esta energía, que podemos apreciar en el final del primer movimiento de la Quinta, aparece en ocasiones como humor, aunque no de la manera juguetona de Haydn ni con la gracia y alegría de Mozart. Es algo más robusto, ‘’ironía romántica’’, como lo define R.M. Longyear en su obra ‘’Beethoven y la ironía romántica’’ (1970).

Pero la música de Beethoven no es siempre exuberante y demoledora, como podemos apreciar en el segundo movimiento de la sonata op. 90 o en el triste adagio del cuarteto n° 1 op. 59. También hay sorprendentes contrastes, como en el primer movimiento de la Tercera, donde después de un largo fortissino disonante se oye un tema totalmente nuevo, melancólico, en mi menor, una tonalidad extraña.

Los tres períodos

Suele dividirse la producción de Beethoven en tres etapas, según el estilo y la época. Vincent d’Indy los llama ‘’Imitación, Externalización y Reflexión.

El primer período llega hasta 1802 y comprende obras como los seis cuartetos op. 18, las primeras diez sonatas, hasta la op. 14 y las dos primeras sinfonías. El segundo período abarca hasta 1816 y sus obras son las sinfonías Tercera a Octava, Egmont, Coriolano, Fidelio, dos conciertos para piano, el de violín y las sonatas para piano hasta la op. 90. Finalmente, en el período de Reflexión, se incluyen las cinco últimas sonatas para piano, las extraordinarias Variaciones sobre un tema de Diabelli, la Misa Solemnis y la Novena Sinfonía, así como los últimos cuartetos y la Gran Fuga, op. 133.

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