Gustav Holst recrea el Sistema Solar

Gustav Holst

Gustav Holst

El 25 de mayo de 1934 fallecía el compositor británico Gustav Hoslt (1874-1934). Alcanzó su madurez como compositor relativamente tarde. Sus primeras obras no muestran signos de lo que sería su estilo posterior. Eran, según sus propias palabras, sus ‘’primeros horrores’’

La influencia inicial de Wagner

En su época de estudiante estuvo muy influenciado por Wagner. Fruto de sus estudios de sánscrito compuso en 1899 la ópera Sita (1900-1906), inspirada en la mitología hindú pero de estilo netamente wagneriano. Esta obra fue un fracaso, especialmente cuando la presentó al premio Ricordi de 1906-1908. Se dio cuenta entonces que su lenguaje musical debía ir por otros caminos.

A principios del siglo XX compositores como Ralph Vaugham Williams recorrían Inglaterra buscando canciones populares. Holst no podía hacer esta labor por si mismo pero sus amigos le mostraban lo que habían encontrado y pronto se percató de que la música tradicional podía indicarle el camino a seguir para desarrollar la nueva música del futuro.

La música popular marca un nuevo camino
Las canciones populares fueron el impulso que le ayudó a alejarse de Wagner. En un principio sólo hizo arreglos sobre melodías como A Somerset Rahpsody (1906-1907). Después escribió tonadas pseudo populares, como Dos canciones sin palabras, de 1906, para pequeña orquesta. Finalmente absorbió por completo las características de la música popular inglesa incorporándolas a su propio estilo. Podemos destacar como primera obra de esta etapa la ópera de cámara Sávitri, escrita en 1908 con una gran economía de medios, tanto musicales como de construcción. Interpretada únicamente por tres cantantes y un pequeño grupo de veinte músicos, consigue captar en parte la forma hindú de ver la vida y no se limita a utilizar el texto como excusa para la música.

En 1908 Holst pasó unas vacaciones en Argelia y quedó impresionado por la música de este país. Como resultado nació la suite orquestal Beni Mora, que completó en 1910 y que incluye algunos temas que había anotado durante su viaje. Cabe destacar el breve motivo que la flauta repite una y otra vez de manera casi hipnótica.

Las visitas a Londres de los ballets rusos de Diaghilev en los años precedentes a la Primera Guerra Mundial influyeron también sobre Holst. Pudo escuchar a los más importantes compositores europeos. Especialmente Stravinsky y sus tres grandes obras, El pájaro de fuego, Petroushka y La consagración de la primavera le causaron una fuerte impresión. Años más tarde, en sus clases de composición en el Colegio Universitario de Reading, utilizaría a menudo ejemplos de Petroushka con sus alumnos.

Los Planetas, una obra a la vez tradicional y revolucionaria

La influencia de Wagner había desaparecido ya cuando Holst comenzó a escribir los planetas. Su toma de contacto con la canción popular inglesa y con las más recientes creaciones de los destacados compositores europeos le colocaban en una posición excelente para crear una obra donde todas estas influencias se fusionasen en un lenguaje propio y característico.

Su idea era crear una obra orquestal donde se sucedieran contrastes dramáticos y efectos atmosféricos de cambios de humor. Los siete movimientos fueron ordenados para conseguir el máximo efecto musical y no tienen ningún rigor astrológico.

El primer movimiento, Marte el dios de la guerra, fue comenzado pocos meses antes de que estallase la Primera Gran Guerra. La utilización de un compás de cinco tiempos da a la música un ímpetu intenso, evocando una guerra mecanizada, con una hipnótica repetición de un ritmo percusor.

El segundo movimiento, Venus, la diosa de la paz, confiere a la obra una atmósfera de calma después del violento ‘’Marte’’. Este contraste recuerda mucho al de la primera y segunda de las Cinco piezas, de Arnold Schönberg, mostrando también influencias de la Sinfonía del mar, de Vaughan Williams.
La pieza siguiente, Mercurio, el mensajero alado, es muy ágil, con abundante fluctuación rítmica entre compases de tres tiempos y seis medios tiempos.
Júpiter, el dios de la alegría, presenta dos partes bien contrastadas, con una central que tiene una amplia melodía inglesa que recuerda a Edwarg Elgar. Es importante destacar que, aunque fueron músicos muy distintos, la influencia de Elgar sobre Holst fue muy importante.

En Saturno, el dios de la vejez, Holst nos describe el paso del tiempo mediante la alternancia de dos acordes en bajo continuo, muy similares a los utilizados por Schönberg en la sexta de sus Pequeñas piezas para piano.

Urano, el mago, tiene una clara influencia de El aprendiz de brujo, de Dukas
En el último movimiento, Neptuno, el místico, el compositor añade un coro de voces femeninas para producir un nuevo colorido cromático.

Los planetas es una obra de carácter distintivo, revolucionaria pero tradicional, y una importante contribución a las obras maestras del siglo XX.

Discografía recomendada:
Los Planetas, Op. 32
Orquesta Nacional de Francia, dirigida por Lorin Maazel (grabación de 1981)
CBS RMASTERWORKS, MDK 44781 (CB701)

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