Las Variaciones Goldberg

goldbergEl Conde imperial von Keyserlingk padecía una enfermedad que le producía dolores durante las noches, motivo por el cual pasaba la mayoría de ellas en vela, y no debido al insomnio, como habitualmente se cree. A su servicio tenía a un joven  virtuoso clavecinista, Johann Gottlieb (o Teophilus) Goldberg (1725-1756) que amenizaba sus noches tocando piezas desde la habitación contigua. Goldberg era alumno de J.S. Bach (1685-1750) y el conde pidió en 1742 al maestro que compusiera para el joven intérprete unas piezas suaves y de carácter alegre. Así nos lo relata Forkel, el primer biógrafo de Bach.

Bach, que era contrario a la forma variación por el carácter invariable de su armonía, consideró sin embargo que sería la adecuada para este fin. El resultado, como siempre ocurría cuando Bach se proponía algo, fue una obra maestra insuperable. Una cima de la producción para teclado que no fue superada en todo el siglo XVIII. Sólo el otro gran genio, Beethoven, consiguió una cima parecida con sus Variaciones Diabelli.

Unos sólidos cimientos para un monumental edificio

Las variaciones Goldberg BW 988, ‘’mis variaciones’’, como las llamaba el Conde Keyserlingk, son la cuarta parte del ‘’Clavier-Übung II’’, los ejercicios para teclado donde se encuentran seis suites para clave, las suites francesas e italianas y los veinte corales para órgano. El nombre completo es ‘’Aria con diversas variaciones para clave con uno o dos manuales’’ (teclados). El Aria, germen de la obra, es probable que no fuese del propio Bach. Es una zarabanda en estilo francés que aparece en el libro de clave de Ana Magdalena, donde, además de composiciones de Bach, hay piezas de otros compositores.

El Aria es sin duda una genial elección. Su simple estructura, de perfecta simetría, es el mejor cimiento para construir sobre ella un gran monumento sonoro. Consta de dos períodos de 16 compases, cada uno subdividido en frases de ocho compases. La armonía de cada compás está basada en un solo acorde. Los primeros 16 compases modulan hacia la dominante y los 16 siguientes de ésta al relativo menor y finalmente a la tónica.

Bach utiliza un sistema de variación basado en la construcción formal y las progresiones armónicas. Su base es el pasacalle y la chacona. La estructura de la mayoría de las variaciones es similar a la del tema, dos grupos de 16 compases. Hay cuatro variaciones en las que el tamaño se contrae a 8+8 y en la variación 16 se expande la segunda parte, que contiene 32 compases.

Una variedad asombrosa

Las treinta variaciones se encuentran agrupadas de tres en tres formando diez grupos. La última pieza de cada grupo es un canon. La distancia entre las voces que forman el canon va aumentando a medida que avanza la obra, desde el unísono de la tercera variación hasta la novena en la variación veintisiete.

Es asombroso el tratamiento canónico que Bach hace de las voces. En los ocho primeros cánones el bajo, con el tema de la zarabanda, es el soporte de las otras voces. Los cánones 12 y 15 ya no son de imitación directa sino en inversión. La sensación de simetría espacial nos muestra el acercamiento al centro de la composición. La segunda parte comienza con una obertura  la francesa.

Realmente la variedad que hay en esta obra es apabullante. Entre el aria, los nueve cánones y el da capo hay una rica muestra de dúos, gigas, oberturas, cada una con su propio carácter. La variación 4 es alegre, la 7 saltarina, la 13 tierna y expresiva. La 19 tiene carácter de passapié y la 25, con sus cromatismos dan paso a las espléndidas 29 y 20, llenas de trinos en ambas manos, un anticipo de lo que será la técnica pianística del siglo XIX.

Pero Bach nos tiene preparada una grata sorpresa para el final. Antes de la repetición idéntica del Aria, escuchamos un gracioso Quodlibet. Este género, próximo a nuestras ‘’ensaladas’’ consiste en la interpretación de varias melodías tomadas de canciones populares, con letras distintas, encajadas todas en la estructura de la variación. Era costumbre en las reuniones familiares de los Bach cantar estos ‘’Quodlibet’’. Para esta ocasión Bach eligió dos canciones que comenzaban así: ‘’Hace mucho tiempo que no estoy contigo’’ y ‘’Coles y rábanos me alejaron de aquí’’. Hay una clara referencia a lo que le ocurre al tema, que desaparece entre las innumerables ‘’coles y rábanos’’ que el autor ha puesto en su camino, pero que finalmente regresa triunfal.

Para la audición de esta inigualable obra, a pesar de que la interpretación al piano de Glenn Gould es preferida por muchos, recomiendo el clave, que siempre supera al piano en la música de Bach y muy especialmente en este caso. Aunque para el que quiera oír las variaciones ‘’cantadas’’ es indispensable la versión de Gould.

Discografía recomendada

Variaciones Goldberg – Trevor Pinnock, clave – ARCHIVE PRODUCTION

Variaciones Goldberg – Gustav Leonhard, clave – DECCA

Variaciones Goldberg (Versión de 1955) – Glenn Gould, piano – SONY CLASSICAL SMK 52594

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