Julián Gayarre, como el de casa, ninguno

gayarreLa localidad navarra de Roncal vio nacer a uno de los mejores tenores españoles de todos los tiempos, Sebastián Julián Gayarre (1844-1890). Hoy 2 de enero de 2014 se conmemoran los 170 años de su nacimiento. Cuando aún era un niño, su padre decidió que fuese pastor y lo envió a cuidar ovejas a la sierra de los Pirineos. Por motivos de salud y también influenciado por su madre, volvió a su ciudad natal y comenzó a trabajar en una tienda, de donde fue despedido por abandonar su trabajo para seguir a una banda de música que pasaba por la calle. Posteriormente trabajó en una herrería y en la fundación Pinaki de Pamplona. A pesar de su trabajo saca tiempo para poder cantar y aprender en el Orfeón Pamplonés. El director, Conrado García, intuye las posibilidades del joven y lo presenta a Hilarión Eslava, quién le Gayarre presentarse a una beca en el Conservatorio de Madrid. Así lo hace y ayudado por una colecta de sus convecinos viaja a la capital donde consigue una beca de cuatro mil reales y se convierte en alumno del propio Hilarión.

Gayarre canta en algunas obras como corista bajo el pseudónimo de Sebastián Sandoval, debido a que la pensión en el Conservatorio prohibía cantar en lugares públicos de forma remunerada. Pero una vez finalizados los estudios no consigue buenos contratos y regresa derrotado a Navarra. Nuevamente los miembros del orfeón le pagan el viaje a Italia para presentarse a una beca en el conservatorio de Milán. En 1869 cambia su nombre por el de Julián, más usual en Italia, y comienza sus estudios con Francesco Lamperti y también debuta en el papel de Alvino en I Lombardi, en el teatro Varese, actuando como sustituto. Esta circunstancia disgustó al público que acogió leyendo el periódico la aparición de un desconocido. Pero Gayarre no se amilanó y comenzó a cantar y tras las primeras notas los comenzaron a cerrarse. A partir de ese día comienza una carrera triunfal, primero por los teatros de Italia y después por toda Europa, incluida su interpretación de Lucia de Lamermoor en San Petersburgo, 1873. Durante las dos décadas siguientes se suceden los estrenos en el Real de Madrid, la Scala de Milán, Mónaco, Lisboa, París.

Como el de casa ninguno

En 1872 regresó a España debutando en el Teatro San Fernando de Sevilla con Sonámbula de Bellini, con un espectador de excepción, su propio padre, que le escuchaba por primera vez. Los contratos le llevaron a actuar por todos los rincones de España. Su padre, que asistía a todas las representaciones, resume en su famosa frase la opinión que tenía de su hijo: ‘’Como el de casa, ninguno’’.

Al regresar a Italia cantó el Tannhauser en Bolonia. Su consagración mundial fue el dos de enero de 1876 en la Scala de Milán con ‘’La Favorita’’, su obra predilecta. Su aparición en los grandes acontecimientos europeos era obligada. En 1885 cantó en el funeral de Alfonso XII y en 1888 en los funerales del rey Víctor Manuel II de Italia, a petición del gobierno italiano.

Ante su arrogante figura y su voz excepcional, la prensa lo aclama como uno de los mejores tenores de todos los tiempos. Lamentablemente no existen registros sonoros de sus actuaciones y ante comentarios como ‘’la mejor representación que se vio en la historia del Teatro Real de Madrid’’ siempre nos quedará la duda de su eran afirmaciones verdaderas o mera mitología, pero tenemos el testimonio del mismísimo Richard Wagner, tras escucharle en el Covent Garden de Londres: ‘’Al fin he oído Lohengrin como yo deseaba’’.

El propio Gayarre se quejaba de que el pintor o el escultor podía dejar constancia para la posteridad de su arte pero ¿qué podía dejar él? Numerosos rumores afirman que existen grabaciones en pequeños fragmentos de láminas de plata.

Hay unanimidad en las crónicas de la época en que su voz era de formato medio, de timbre muy agradable y adaptable a cualquier tipo de circunstancia y es probable que no fuera tan extensa como la de otros tenores.

La fatídica noche del 8 de diciembre de 1889, mientras interpretaba en el Teatro Real de Madrid la romanza de Los pescadores de Perlas, de Bizet, su garganta, ya resentida, no pudo emitir el Do de pecho. Un instante dramático precedió a un tremendo silencio de la orquesta. Tras una breve pausa repitió el pasaje, sin éxito. Un último y dramático intento falló igualmente. Gayarre, abatido, vencido, se retiró hacia las candilejas y exclamó: ‘’Señores, esto se ha acabado’’. Sumido en una profunda depresión, moría enfermo de gripe, el 2 de enero de 1890. Sus restos descansan en un mausoleo obra de Mariano Benlliure en 1901, instalado en el cementerio de Roncal.

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