Nocturnal Op. 70, de Benjamin Britten

nocturnalCon motivo de celebrarse tal día como hoy 22 de noviembre el centenario del nacimiento del compositor británico Benjamin Britten (1913-1976) he querido analizar la única obra que escribió para guitarra, finalizada hace justo 50 años, en noviembre de 1963 y dedicada al guitarrista inglés Julian Bream. Se trata de Nocturnal, Op. 70, subtitulada “After John Dowland”.

Esta obra, intimista, compleja, extremadamente original, posee un lenguaje moderno pero que tras varias audiciones se nos revela como una de las obras cumbres de la guitarra del siglo XX. Un primer repaso de la partitura, de ligera y sencilla escritura, si exceptuamos el séptimo tiempo, nos puede llevar a conclusiones equivocadas, ya que la obra es extremadamente difícil de ejecutar y mucho más, si cabe, de interpretar. Quien suscribe este artículo interpretó esta obra en el exámen final de carrera y puede hablar por experiencia propia . . .

Dividida en ocho partes, su célula generadora es una exquisita canción de John Dowland, ‘’Come Heavy Sleep’, cuyo texto comienza así: ‘Ven, sueño profundo, imagen de la Muerte verdadera, y acércate a mis ojos fatigados y llenos de lágrimas.’’ Durante toda la obra aparecen referencias al esta canción, magistralmente tratada y armonizada, a veces irreconocible a simple vista.

El primer tiempo, ‘’Meditativo’’, nos muestra ya lo que será la tónica general de la obra: su libertad métrica. Las barras de compás cumplen la función clarificadora de frases pero no afectan a la libre evolución de la música. El acorde de Mi mayor, tonalidad de la canción original, aparece con la novena menor añadida, fa natural, aportando un carácter de inquietud que no cesará hasta el final. La segunda parte, ‘’Muy Agitado’’, es un continuo desarrollo arpegiado del acorde del primer tiempo.

En el tercer tiempo, ‘’Inquieto’’, el contraste de tres notas sobre dos y, a partir del compás 21, cuatro sobre tres, llevan la inquietud, como no podía ser de otro modo, hacia la ansiedad, hacia el cuarto tiempo. Las corcheas con puntillo por debajo de las negras se encargan de mantener la tensión en todo momento y requieren de mucha práctica para conseguir una exacta medida. Esta combinación rítmica irregular, que no plantea grandes problemas a las dos manos de un pianista, resulta especialmente difícil de conseguir en la guitarra con una sola mano, la derecha.

Las rápidas figuraciones de fusas de la cuarta parte y la larguísima escala central desembocan en unos trinos descendentes que van apaciguando la tensión hasta la graciosa Marcha que representa el quinto tiempo. La ingenua melodía, con unos arrastres a doble cuerda que deben sonar muy claros, es acompañada de unos acordes al aire que le dan un ligero sabor bitonal.

’Soñante’’. Así subtitula Britten la parte sexta de su Nocturnal. Sobre la base de un acorde formado por las cuerdas al aire, los armónicos octavados nos transportan a las alturas.

El séptimo tiempo, ‘’Gently Rocking’’, escrito a dos pentagramas con objeto de clarificar su lectura, resulta especialmente complicado de tocar, sobre todo a partir del compás 15, donde el trémolo, que hasta ahora había estado en una cómoda voz superior, pasa a la voz inferior, produciéndose un cruce de dedos en la mano izquierda. Es curioso que en este tiempo aparece, si bien entre paréntesis, el compás de seis por ocho, convirtiéndolo en el fragmento métricamente más regular de la obra. Podríamos pensar en una bitonalidad al ver el primer pentagrama con cinco bemoles y el segundo sin alteraciones, pero esta separación es, como hemos mencionado antes, un recurso clarificador de las dos voces.

Llegamos a la parte más extensa y compleja de la obra, el ‘’Pasacalle’’, un monumental fragmento cuya audición, y más aún interpretación, puede resultar pesada las primeras veces, pero que finalmente nos revela una belleza oculta, mística. Escrita también a dos pentagramas, el inferior está destinado exclusivamente al fragmento obstinato de cinco notas que une cada una de las frases. Se hace ya muy difícil reconocer el tema de Dowland. La dureza armónica y melódica va creciendo y las disonancias se adueñan de la obra. También los problemas técnicos aumentan hasta límites insospechados. Los pasajes en pizzicato requieren mucha práctica y atención par obtener una sonoridad adecuada.

Nuevamente las barras de compás contienen frases que se van haciendo cada vez más largas. Tras unos acordes extremadamente disonantes la tonalidad de mi mayor comienza a hacer su aparición, primero tímidamente, trastocada aún por las notas del pentagrama inferior, que ha abandonado el obstinato y ahora se recrea en escalas cromáticas. En el último compás reaparece el tema del bajo que desemboca en un espléndido Mi mayor, representado por la armadura de cuatro sostenidos, y que nos obsequiará con la deliciosa canción, el Sueño Profundo, que durante más de diez minutos hemos perseguido sin cesar. El doble pentagrama se hace aquí más necesario que nunca. Cuando la canción termina, con calderón incluido, el cambio a ‘’más lento y muriendo…’’ retoma la figura rítmica del primer tiempo, pero en este caso sobre sol sostenido mayor, el tercer grado de mi, o lo que es lo mismo, la dominante de su relativo menor, do sostenido menor, terminando la obra sobre la sensible, re sostenido. (José Manuel Expósito, 22/11/2013)

 Discografía recomendada:

Música del siglo XX para guitarra – Carlos Bonell

EMI CDC 749512 2

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Una respuesta a “Nocturnal Op. 70, de Benjamin Britten

  1. Pingback: Britten y John Dowland (I) | Bach tras Bach

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