Paderewsky y la locura americana

 paderewsky4‘’Un drama en el océano’’. Este era el titular de un periódico de Nueva York. Cualquiera podría pensar que se refería al naufragio de un barco. Pero leyendo el artículo nos enterábamos de que durante una noche en la mar agitada, el piano de Paderewsky se había soltado de sus ligaduras y al desplazarse por el camarote había impedido que el pianista saliera hasta que llegó el camarero con el desayuno.

Su popularidad era imparable y sus recitales se habían convertido en concurridos espectáculos donde acudían representantes de todas las nacionalidades y clases sociales. En Londres la gente formaba colas interminables en las taquillas desde primeras horas de la mañana para un concierto que debía celebrarse por la noche. En Boston desde las ocho de la mañana había público sentado en sus sillas llevando la comida preparada para todo el día.

La Paddymanía se extiende

Los titulares de los periódicos americanos se referían a él como ‘’el rey de los pianistas’’ y ‘’el mago del teclado’’. Su cabellera era uno de los principales temas de discusión. ‘’Como Sansón, debe su poder a su cabello y no a sus manos’’, decía un periodista. Algunos afirmaban que llevaba peluca; otros que cuando no estaba de gira se afeitaba completamente la cabeza. Era un misterio cómo lo lavaba y qué le pondría. El Chicago News informó que su color característico se debía a que todas las mañanas tomaba un limón fresco.

Al poco tiempo aparecieron champúes cuyos fabricantes afirmaban que estaban basados en la ‘’fórmula Paderewsky’’. La Paddymanía se extendió a todos los artículos. Un fabricante de caramelos puso a la venta unos con la forma de la silueta del pianista y lo mismo hizo un fabricante de pastillas de jabón. Se vendían pelucas Paderewsky e incluso se fabricó un gracioso juguete mecánico con la imagen de un hombrecillo de larga melena rubia sentado al piano. Cuando se le daba cuerda se ponía a saltar y a golpear el teclado frenéticamente. En los periódicos se leían anuncios como éste: ‘’Paderewsky, el hombre que asombró al mundo, toma píldoras con hierro Nuxated.’’

La salud de Paderewsky, tema de importancia nacional

Otro aspecto que preocupaba a la prensa eran sus ingresos. Un periodista calculó que Paderewsky ganaba un promedio de 1.000 dólares por pieza interpretada. ¿En cuánto estarían aseguradas sus manos? Se barajaban cifras astronómicas. En 1905 el tren en el que viajaba descarriló cerca de Nueva York. La prensa puso de relieve el ‘’drama humano’’. Paderewsky en cama, rodeado de hermosas mujeres y diagramas mostrando qué tendones de su cuello se habían distendido. Por el concierto que tuvo que suspender ‘’sólo’’ aceptó 7.000 dólares. ¿Cuánto podría valer su vida basándose en sus ingresos anuales? Se calculaba que en su gira el año anterior obtuvo unos ingresos superiores al millón y medio de dólares. Recordemos que estamos hablando de 1905.

Otro aspecto importante era el cuidado de su salud. Se sabe que antes de cada actuación sumergía sus manos en agua caliente. Era un tema de relevancia nacional saber cuánto comía, qué bebía y cuántos cigarrillos fumaba diariamente.  Un simple estornudo o la pérdida de su reloj eran motivos suficientes para aparecer en los titulares.

Paderewsky era noticia y si no podían obtenerse noticias auténticas debían improvisarse. Se hablaba de sus propiedades en Polonia y de su estudio de París que nadie había visto. Aseguraban que había estado casado en secreto con varias gitanas, princesas rumanas y baronesas alemanas. Desde sus comienzos, igual que Liszt o Paganini, hubo una gran reacción por parte de las mujeres. En 1894, en Edimburgo, al menos una docena de ellas tuvieron que ser sacadas del teatro, desmayadas. En 1893 un periódico de Londres informaba que ‘’la Paddymanía ha llegado a tal extremo que tres damas de Nueva York han bordado en sus medias frases musicales del Minué (una composición de Paderewsky)

Este tipo de reacciones no era nuevo en América. Ya sucedió, aunque menor medida, con Jenny Lind en 1850 y con Rubinstein en 1872. Recodemos que ‘’Paddy’’, como se le conocía en América, no llegó allí como el pianista más grande del mundo, sino como uno más del montón, y fue allí precisamente donde obtuvo su gran reputación.

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