Paderewsky conquista Londres

paderewskyCuando Paderewsky termino en verano de 1890 su temporada londinense salió de gira por las provincias, Liverpool, Manchester, donde actuó bajo la batuta de Charles Hallé.

En noviembre regresó a Londres y ofreció una última serie de conciertos. En esta ocasión los críticos lo aclamaron. George Bernard Shaw escribió sobre su interpretación del Concierto de Schumann: ‘’Todo fue perfecto. Paderewsky varió su pulsación e interpretación con una lucidez artística inteligente respecto de cada aspecto y frase de la obra.’’Paderewsky ofreció unos cuarenta conciertos en Inglaterra, que no le aportaron muchas ganancias pero a su regreso a Francia se sintió satisfecho de sí mismo. ‘’La temporada de Londres me brindó mayor seguridad…’. ‘… sentía el suelo más firme bajo mis pies… había conquistado Londres’’.

Inmediatamente partió de gira por Alemania. En 5 de diciembre de 1890 actuó en Frankfurt, con su propio concierto y obras de Listz y Chopin.

El 8 de diciembre dio el primero de los cuatro conciertos programados en Berlín, bajo la batuta de von Bülow. El público le ovacionó y los críticos lo llenaron de elogios. Al día siguiente, en el segundo concierto, Bülow le trató de mala manera, dirigió mal y abandonó el escenario cuando Paderewsky estaba ejecutando el solo, haciendo el mayor ruido posible, y la orquesta estropeó la interpretación de su concierto. ‘’Fue un perfecto fiasco’’, comentó más tarde. El resto de los conciertos recibió malas críticas. En Hamburgo actuó nuevamente con Bülow y en esta ocasión el director se mostró encantador y considerado.

Su vida estaba dominada por una ambición de éxito, en detrimento de su integridad artística. Sus ingresos eran devorados por sus gastos. Consideraba necesario tener un secretario privado, Hugo Goerlitz, para ocuparse de los trámites de sus giras. Su natural generosidad le impulsaba a dar dinero a quien se lo pidiese.

El protagonista de la vida londinense

Deseaba instalarse definitivamente en París para componer pero en lugar de vivir de los ingresos obtenidos con sus conciertos decidió trabajar intensamente para hacer dinero y luego retirarse. Después de una temporada en París, en junio de 1981 regresó a Londres. Esta vez todo salió bien desde el comienzo. El público empezaba a percibir en él a un músico auténtico. Tanto fuera como dentro de la sala de conciertos Paderewsky se había convertido en objeto de fascinación. Su omnipresencia en la vida londinense era extraordinaria. La temporada en Londres culminó con la invitación para ir a Windsor el dos de julio. Tras esperar con ansiedad en el Salón Verde, la reina entró. ‘’Me habló en un hermoso francés y me pareció una reina en todo el sentido de la palabra.’’

Según Victoria, Paderewsky ejecutó el piano ‘’maravillosamente’’. ‘’Realmente creo que es equiparable a Rubinstein.’’ Paderewsky escribió: ‘’Me sorprendió comprobar que conocía mucho de música. Todos sus comentarios fueron ajustados.’’

Llega el triunfo largamente esperado

El once de julio Paderewsky dio su último recital en Londres, un gran éxito. El programa estaba dedicado íntegramente a Chopin y fue calificado como ‘’una de las manifestaciones de entusiasmo más delirante que jamás se hayan presenciado en St. James Hall’’. Pocos días después, Bernard Shaw escribió para World, el quince de julio: ‘’Ha demostrado que es inmune a la idolatría, pues nunca pierde la concentración en su labor artística.’’ En cambio Shaw odiaba la Paderewsky como compositor. Vemos un extracto de su crítica sobre un concierto semanas antes: ‘’Hubo en la filarmónica un gran estrépito: Paderewsky. Se quitaron los pasamanos y se reemplazaron los bancos estrechos por otros más anchos para aprovechar el espacio al máximo. Paderewsky aprovechó la ocasión para interpretar, por segunda vez, su propio Concierto, que es muy malo. Sin duda debe haber sido ‘tremendamente emocionante’ para el mismo Paderewsky recorrer el teclado de arriba abajo, tocando el clave, el flautín y los timbales, y cualquier instrumento excepto el piano. Arrastrando la orquesta tras de sí, a pesar de Mackenzie, como si fuera un coche de setenta caballos por un camino empinado de montaña. Pero para mí fue tan sólo un desperdicio de talento, que hubiera deseado ver desplegado en la ejecución de una auténtica obra maestra del repertorio pianístico. Pude comprobar que se sentía como un Titán cuando abordaba los fortissimi a toda orquesta, pero él tenía la ventaja de escuchar lo que tocaba, mientras que yo no alcanzaba a oírlo a través del estrépito orquestal.’’

Independientemente de la aprobación de Shaw y los demás críticos, Paderewsky comprobó que había triunfado cuando, caminando por South Kensington, vio en una puerta una placa de bronce con la inscripción: ‘’Señora Simpson, maestra de piano, ALUMNA de Paderewsky.’’

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