El Requiem de Mozart, un misterio nunca aclarado

requiemTal día como hoy, 5 de noviembre de 1791, fallecía W.A. Mozart. Recordemos uno de los enigmas de su corta pero interesante vida.

Poco tiempo antes de la coronación del emperador Leopoldo II un mensajero desconocido entregó a Mozart una carta sin firma en la que se le preguntaba si consentiría en iniciar la composición de una Misa de difuntos. Mozart, aconsejado por su esposa Constanza, respondió que accedía a la composición del Requiem a cambio de cierta suma de dinero. Poco después volvió a aparecer el mensajero que no sólo traía la suma convenida sino la promesa de un importante suplemento. Asimismo le dijo que debía escribir la obra dejándose llevar por su inspiración, sin intentar conocer a la persona que le hacía el encargo.

El mensajero siniestro

Así nos relata Niemtscheck lo ocurrido en 1791, último año de vida de Mozart, mientras se encuentra trabajando en La Flauta Mágica, trabajo que deberá interrumpir en agosto para componer La Clemencia de Tito destinada ser estrenada el seis de septiembre en la coronación del emperador. Una vez más, cuando están a punto de partir para Praga, aparece el mensajero una tercera vez interesándose por el estado del encargo.

En una carta escrita en italiano dirigida a Da Ponte, Mozart dice: ‘’Este mensajero siniestro, vestido de negro es tanto más impresionante cuando que viene de parte de un amo que quiere conservar el anonimato. ¿No será una señal de que se trata de una llamada del más allá?.

Para componer el Requiem Mozart procede de igual modo que en la Misa en do menor. Primero compone de forma definitiva la parte vocal con el bajo cifrado. Después regresa para completar la instrumentación. Al recibir el encargo, comienza a trabajar con el Kyrie y el Dies Irae hasta el final de Rex tremendae. Al regresar de Praga termina la orquestación de la Introducción y del Kyrie y completa el Dies Irae hasta llegar al Confutatis.

En octubre escribe el esquema del ofertorio y redacta los nueve primeros compases del Lacrymosa. Las palabras ‘’homo reus’’ son las últimas del manuscrito.

La obra póstuma

Tras la muerte de Mozart, Constanza desea que el encargo fuese cumplido. Se dirige a varios músicos amigos de Mozart. El primero fue Josef Eybler y después el abate Stadler, que intentó completar la instrumentación, pero ambos se detuvieron tras el Confutatis. Apareció entonces Süssmayer, un joven de 25 años que había colaborado con el maestro en los recitativos de Tito. Según la propia Constanza, había recibido de Mozart indicaciones durante sus últimas semanas de vida sobre la forma de concluir el Requiem. Descubrir qué realmente corresponde a Süssmayer es un dilema que aún en nuestros días continúa planteándose.

Los testimonios de Constanza, que por supuesto tenía interés en demostrar que la partitura era obra únicamente de su marido, contrastan con los de Süssmayer. ‘’Os diré hasta dónde es suyo, es decir hasta casi el final, cuando lo hayáis recibido de mí’’, decía Constanza a los editores. Más tarde comentaba que su marido dijo a su discípulo‘’… de qué forma debía realizar la parte final de la obra, cuya parte principal ya estaba compuesta, aquí y allá, en partes separadas. Y esto es lo que realmente hizo el señor Süssmayer.’’

Un alumno con demasiadas pretensiones

El 8 de febrero de 1800 Süssmayer escribe a los editores ‘’Debo demasiada gratitud a las enseñanzas de aquel gran hombre para que me sea permitido guardar silencio y autorizar así que la publicación de una obra, que en su mayor parte me corresponde, se haga con su nombre.’’ Después cuenta cómo había cantado junto a Mozart los fragmentos que ya habían sido musicados y cómo el maestro le habló de la terminación de la obra, iniciándole en los fundamentos de su instrumentación. ‘’El Sanctus, el Benedictus y el Agnus Dei fueron compuestos de nuevo por mí, y sólo me permití, para dar a la obra más unidad, repetir la fuga del Kyrie con la línea ‘’cum santis’’.’’

Süssmayer murió en 1803, a los treinta y siete años, lo que le privó de participar en las polémicas discusiones que continuaron hasta llegar al siglo XX. Hoy día se sabe que el estado de inacabamiento que él pretendía es falso. Constanza declaró, tras la muerte de Mozart, al abate Stadler que había encontrado en el escritorio de su marido billetes conteniendo música del Requiem y que se los entregó a Süssmayer.

El joven Süssmayer poseía un talento suficiente para triunfar en un género como el Singspiel pero el grado de inspiración del Sanctus y el Benedictus delata claramente que no fueron compuestos por él.  Mozart no lo despreciaba pero conocía sus límites. Constanza comentaba a Stadler que ‘’cuando Wolfgang sintió que lo invadía la debilidad, Süssmayer debía leerle a menudo lo que acababa de escribir cantándolo con él y conmigo. Y todavía le oigo decir ¡Ay, ya nos hemos vuelto a detener! ¡Tardarás tiempo todavía en llegar a comprenderlo!’’

Discografía rocomendada:

Requiem K 626  Wiener Singverein Filarmónica de Viena, Dir. Herbert von Karajan DEUSTCHE GRAMOPHON  431 288 2

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2 Respuestas a “El Requiem de Mozart, un misterio nunca aclarado

  1. FEranndo fabre

    Impresiona, el misterio que envuelve a los génios.
    Cada vez estoy más inclinado a pensar que los grandes compositores, Filósofos, investigadores científicos, eran enviados del más allá para seguir construyendo el mundo.

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