Pablo Sarasate, el sucesor de Paganini

Pablo Sarasate

Pablo Sarasate

Pablo Martín Melitón Sarasate y Navascuez nació en Pamplona (España) el 10 de marzo de 1844 y murió en Biarritz (Francia) el 20 de septiembre de 1908 hace 105 años. La profesión de su padre, músico militar, le hizo entrar en contacto con la música a muy temprana edad. Con sólo siete años da su primer concierto en La Coruña.La condesa de Espoz y Mina, impresionada por la actuación del niño prodigio, le concede una pensión para estudiar en Madrid. En la capital de España la reina Isabel II queda tan impresionada con las dotes del muchacho que le regala un violín Stradivarius, además de concederle otra pensión para estudiar en París.

En 1856 ingresa en el Conservatorio de París, bajo la tutela de Aarden. Inmediatamente destaca en sus lecciones y es galardonado y reconocido como gran concertista. Sarasate nos relata que buscando en París maestro que le instruyese se encontró con Delphin Alard, de quién ‘’sólo aprendí a sostener el violín entre mis manos.’’ En 1957 obtuvo los premios de violín y solfeo y al finalizar los estudios también consiguió el premio de Armonía.

Más sutil y menos temperamental que Paganini

Son memorables sus conciertos por toda Europa, desde Portugal a los países nórdicos. Su nombre se hizo famoso en las principales cortes europeas, la de Napoleón III, la de la reina Victoria y la de Isabel  II de España. También las dos Américas fueron testigo de su formación musical y de su espíritu de triunfo, que le acompañarían hasta su muerte.

Las crónicas de la época señalan que su fuerza se encontraba más en la sutileza de su interpretación que en el temperamento fogoso que caracterizó a Paganini, aunque Sarasate no carecía de dotes como el ataque, la pasión y la natural facilidad para el violín. Su increíble técnica de la mano izquierda y su velocidad sin límite no eclipsaban sin embargo una perfecta musicalidad y una afinación prodigiosa. De su violín surgían los más hermosos sonidos imaginables sin esfuerzo aparente. Sarasate huía de falsos efectismos y es relevante su triunfo en Europa Central y Alemania, donde el gusto estético y el sentido de la interpretación se inclinaba más por el arte de Joseph Joachim.

En sus obras une el virtuosismo y el folklore español

El grado de dificultad técnica de sus obras, por cierto no muy numerosas, nos muestra que los elogios recibidos en sus conciertos debieron ser sinceros. Sarasate no hubiera compuesto nada que él mismo no se atreviera a tocar brillantemente.

El folklore español es el punto de partida de sus obras, como principal elemento rítmico y melódico. Son especialmente bellas las ‘’Danzas Españolas’’, ‘’Malagueña’’, ‘’Habanera’’, ‘’Zapateado’’, ‘’Playera’’,  ‘’Aires Gitanos’’, y la espectacular Fantasía sobre Carmen’, para violín y piano, que luego transcribió para violín y orquesta.

En 1879 fundó la orquesta Pablo Sarasate, la más antigua de España. En sus estatutos se especifica que su principal objetivo es ‘’elevar el arte musical a la mayor altura posible’’.

Fuente de inspiración de los grandes compositores

Un extraordinario intérprete siempre es una fuente de inspiración para un compositor. Saint-Saens dedicó a Sarasate su Introducción y Rondó caprichoso (1870) y sus conciertos primero y tercero para violín. Edouard Lalo compuso para él su Concierto en fa menor y la famosísima Sinfonía Española, estrenada en 1875 y con claras referencias al estilo del gran violinista. Max Bruch le dedicó su Fantasía Escocesa y su segundo Concierto para violín; Antonin Dvorak su ‘’Narukek’’ y Joseph Joachim compuso para él sus Variaciones para violín y orquesta op. 49

Pablo Sarasate ha pasado a la posteridad como leyenda y ejemplo de un músico que se entrega completamente a su carrera para obtener lo más parecido a la perfección.

Sarasate, además del Stradivarius que le regaló la reina Isabel II,  legó al Real Conservatorio de Madrid 25.000 francos cuyas rentas, según rezaba en su testamento, ‘’servirán para distribuir cada año, si procede y bajo mi nombre, un premio en dinero a un alumno que haya terminado sus clases de violín y atestigüe un mérito muy excepcional.’’ Este premio se concedió por última vez en 1970. A finales de 1991 el Conservatorio de Madrid y la Fundación Loewe reanudaron la concesión del premio, pero la citada fundación retiró su colaboración en 1998, por lo que ese año la dotación económica, muy escasa,  fue el remanente del legado de Sarasate.

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