Arnold Schönberg, la música libre como un sueño

shonbergArnold Schönberg (1874-1951) nació un 13 de septiembre y fue el compositor que menos consideración recibió en su época. Enfrentado con el problema tonal de finales del siglo XIX y siendo el justo heredero de Wagner y Brahms aceptó la responsabilidad de su posición hasta llegar a la desintegración final del lenguaje tonal.

Ya en sus primeras obras podemos percibir este proceso. La  primera Sinfonía de Cámara, 1907, está en Mi mayor pero en su desarrollo llega a pasajes donde hay notas e incluso frases enteras tan alejadas de la tonalidad que percibimos una ruptura total de relación con ella.

En el último movimiento del segundo cuarteto para cuerdas es donde por primera vez la ausencia de armadura en la clave no significa Do mayor sino la inexistencia de tonalidad. Esta ruptura no es aún definitiva. La obra termina en Fa sostenido pero ya se había dado un paso definitivo quedando establecida la posibilidad de escribir música fuera del sistema lógico de las relaciones tonales.

El rechazo de la jerarquía tonal y la igualdad de las doce notas cromáticas conducen a un estado de caos que perdura como un miedo incierto en la mentalidad de todos los europeos racionalistas. Schoenberg mostró gran coraje al aceptar esa posibilidad y ponerla al servicio de su intención creativa. Se encontró en condiciones de explorar un ámbito muy diferente del mundo iluminado por las relaciones armónicas y su lógica.

La música como un sueño

En las obras del período intermedio, desde la Op.10 ala Op. 22, encontramos las mismas asociaciones paradójicas y la misma condensación que se dan en los sueños. Sin el corsé de una tonalidad resulta muy fácil exponer rápidamente el material de una pieza, a veces de forma simultánea, al igual que en un sueño las ideas se amontonan y se superponen unas a otras.

A Schönberg siempre le gustó trabajar con motivos, grupos de notas breves y muy plásticos, a partir de los cuales construía sus formas melódicas y armónicas más extensas. Los motivos se extienden, se acortan, se condensan, se colocan al revés, como en los sueños, dispuestos en relaciones sin ninguna lógica pero que suenan bien. Es una música en constante evolución dinámica, a medida que un motivo se va mezclando con los otros y transformándose. Jamás se repite lo ya anunciado. Cada momento nace de forma natural del que le precede y da a su vez nacimiento al que le sigue. Es lo que él mismo llama la variación perpetua, una técnica para explorar el inconsciente, libre de exigencias formales y tonales.

Esta extraordinaria serie de obras, que se relaciona de forma muy estrecha con la pintura y la literatura expresionista, abarca desde la Seis pequeñas piezas para piano, Op. 19, donde la más larga tiene dieciocho compases y la más corta sólo nueve, pasando por las Cinco piezas para orquesta, Op. 16 y Pierrot Lunaire hasta las breves obras dramáticas Die gluckliche Hand y Erwartung.

Es en la última obra mencionada, Erwartung, donde coinciden más estrechamente el tema y la técnica ya que se trata ni más ni menos que de un sueño. El propio compositor nos dice que ‘’su objetivo es representar en cámara lenta todo lo que ocurre durante un único segundo de máxima tensión espiritual, estirándolo hasta una media hora’’. Sólo hay un personaje, la soñante. No tiene nombre, es simplemente ‘’La Mujer’’. El libreto de Erwartung fue escrito por Marie Pappenheim, una de las primeras discípulas de Freud. La obra finaliza con un compás y medio de escalas cromáticas y la música de desvanece. No termina ni se detiene, simplemente desaparece como se desvanece un sueño cuando nos despertamos. Esto es algo impensable dentro del marco armónico total donde se necesita una cadencia perfecta para finalizar una obra.

El dodecafonismo relaja la tensión de la libre atonalidad

Se ha discutido mucho sobre el paso de Schoenberg a la técnica dodecafónica a comienzo de los años veinte. Una razón técnica puede ser la tensión extrema que la composición atonal libre imponía a una mente impregnada por las técnicas racionalistas tonales. Sin las restricciones de la tonalidad el compositor no tiene ninguna posibilidad de relajarse. Es una música sin fondo. Todo está en primer plano y debe ser inventado totalmente. La técnica dodecafónica le ofreció una regla que salvó a Schoenberg  de la tensión que impone la libertada tonal y le permitió relajarse hasta cierto punto al ofrecerle una guía para escoger entre el material sonoro a su disposición.

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