Bohuslav Martinu, un compositor parecido a muchos, pero distinto a todos

Bohuslav Martinu (1890-1959) nació en Policka (Checoslovaquia) tal día como hoy, 28 de agosto. Compuso varias obras siendo niño y a los veinte años comenzó con obras importantes, algunos poemas sinfónicos inspirados en Dvorak. Es la época de su primer estilo, de carácter impresionista. El profesor de música de esta ciudad fue quien primero apreció el talento del muchacho y le alentó a estudiar composición. Martinu nunca olvidó a este profesor.

Trabajador incansable, a menudo se levantaba a las cinco de la mañana para componer. Al final del segundo año en el Conservatorio de Praga suspendió los exámenes. Finalmente abandonó esta institución para estudiar por su cuenta. Leía y estudiaba las partituras, asistía a conciertos y componía diariamente. Durante 1912 compuso nada menos que treinta obras. Durante su primera época como segundo violín de la Filarmónica Checa estrenó su Rapsodia Checa para violín, coro y orquesta, que fue muy bien recibida.

En 1923 recibió una beca para estudiar en París durante tres meses pero se quedó allí hasta 1940. Conoció a Albert Roussel, su maestro, que influye profundamente en sus próximas composiciones. El impresionismo que caracterizaba a sus obras anteriores se ve sustituido por un melodismo con claras influencias clásicas. También se ven rasgos de Stravinsky, a quién conoció en París.

Durante los años de la depresión no había mucho que ganar componiendo, por lo que Martinu tocó en varios grupos de músicos de baile. Es esta época Martinu compuso ‘La Bagarre’’, para celebrar la llegada de Charles Lindberg después de cruzar el Atlántico en avión. A partir de 1926 sus composiciones se interpretaban habitualmente en conciertos y comenzaron a editarse sus partituras. A pesar de ello continuaba siendo pobre. Y el poco dinero que ganaba se lo gastaba en libros. Se levantaba muy temprano, comía irregularmente y pasaba más de diez horas al día componiendo. Su primer gran éxito llegó con el ballet ‘’La revista de cocina’’, en la que los bailarines utilizaban instrumentos de cocina.

Cuando Martinu abandonó Checoslovaquia en el verano de 1938 sabía que nunca volvería a ver a su familia ni a su tierra natal. Tras la invasión nazi en Checoslovaquia se alistó en el ejército pero debido a su edad no fue llamado a filas. Durante este oscuro período de guerra compuso una de sus más exquisitas obras para piano, la Fantasía y Tocata (1940)

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial emigró a Estados Unidos, donde permaneció hasta 1953. Allí se interesó por el jazz y sus obras volvieron al sentido nacionalista de sus primeros años. De regreso a Europa se estableció en Suiza. Su amplísima producción, 417 obras, abarcan todos los géneros: 16 óperas, 15 ballets, 30 obras orquestales, incluyendo seis sinfonías, 4 conciertos para piano, conciertos para viola, cello, violín, trompeta, obras de cámara, canciones para voz y piano, voz y orquesta, cantatas, madrigales y oratorios, e incluso música para el cine (Edipo, 1936).

Todos lo estilos en uno

Bohuslav Martinu es sin duda uno de los grandes compositores del siglo XX. Apenas influenciado por otros autores, excepto, como él mismo comenta, por Debussy y quizá algo por Stravinsky. Nunca revisó una obra y su importancia no se debe solo al volumen de sus composiciones sino a la calidad de su música. Gran pensador, sus composiciones reflejan la totalidad de técnicas y estilos de la música europea durante finales del XIX y principios del XX. Era a la vez clásico y romántico e incluso definitivamente contemporáneo. En su música encontramos gran variedad de estilos y métodos compositivos, líneas neoclásicas, armonía romántica, ritmo flexible y un sentido único de la invención melódica. Aunque en sus años jóvenes se muestra un tanto experimental, nunca adoptó las técnicas del serialismo. Sobre las influencias en su música el mismo escribió: ‘’En mi música he recibido múltiples influencias pero sobre todo de la música nacional de Checoslovaquia. De Debussy y de los madrigalistas ingleses. Me atrae mucho la libre polifonía de los madrigales ingleses. Los encuentro muy diferentes a la música de Bach.’’

A quien nunca haya escuchado a este compositor le recomiendo la audición de cualquiera de sus obras. Quedará gratamente sorprendido. Si escucha, por ejemplo, la segunda sinfonía, después del primer tiempo creerá haber escuchado a un Dvorak un tanto avanzado. El segundo tiempo quizá le recuerde a Mahler. La tercera parte tiene un ligero sabor a los alegres scherzos de las sinfonías de Shostakovich, pero cuando termine la sinfonía sólo habrá una respuesta a sus preguntas: Es Martinu, un compositor único, que se parece a muchos pero que es distinto a todos.

Discografía recomendada

Sinfonías n° 2 y n° 4 – Orquesta sinfónica de Ucrania – Fagen – NAXOS 8.553349

The Epic of Gilgamesh – Orquesta y Coro Filarmónica Eslovaca – ilek – NAXOS 8.223316

Sonatas para Cello y piano – NAXOS 8,554502

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