La triunfal entrada en escena de Leonard Bernstein

Bernstein en acción

Bernstein en acción

En el día que habría cumplido 95 años, recordamos hoy 25 de agosto el brillante debut de Leonard Bernstein (1918-1990), sin lugar a dudas, uno de los mitos musicales del siglo XX. Su polifacetismo intelectual y musical es inabarcable.

El debut como pianista en Nueva York

En noviembre de 1943, con veinticinco años de edad, Leonard Bernstein acababa de tomar posesión de su cargo de Asistente de Arthur Rodzinski en la Filarmónica de Nueva York. El día 13 de ese mes realizó su debut como pianista en esa ciudad y el estreno de una de sus obras. Toda su familia asistió al concierto. Bruno Zirato, miembro del consejo ejecutivo de la Filarmónica le había comunicado que Bruno Walter, director invitado la próxima semana, estaba en cama en el hotel con un fuerte ataque de gripe. El director titular, Rodzinski, había sido informado pero se encontraba en su casa de Stockbridge aislado por la nieve.

El éxito del recital en el que Jennite Tourel cantó el ciclo de lieder ‘’I hate Music’’, una serie de cinco Kid songs (canciones de niños) acompañada por el propio Bernstein, fue celebrado en casa de Jennie con unos amigos, hasta altas horas de la madrugada.

La inquietante visita de Zirato había sido casi olvidada. Además, Lenny no tenía miedo alguno a lo que pudiera esperarle ya que conocía perfectamente las partituras del concierto y había asistido a todos los ensayos de Bruno Walter.

A primera hora de la mañana, Bruno Zirato telefoneó. El mal estado de Bruno Walter hace imposible que pueda dirigir el concierto de esta tarde. Bernstein tenía que dirigir sin posibilidad de realizar un ensayo.

Tras un breve intercambio de opiniones con Bruno Walter, Leonard apareció en el podio del Carnegie Hall en un concierto que realmente marcó un hito en la historia musical americana.

Cuando Bruno Zirato anunció que el maestro Walter estaba enfermo y que ‘’todos vamos a vivir el debut de un joven director formado y educado en nuestro país’’ se oyeron murmullos por todo el local e incluso algunas personas llegaron a abandonarlo.

Un concierto memorable

El programa, que no sufrió ninguna variación, comenzaba con la obertura Manfred, de Schumann. A continuación Tema, variaciones y final, de Miklos Rozsa, Don Quijote, de Richard Strauss y finalmente el preludio de Los Maestros Cantores, de Wagner.

Los aplausos fueron creciendo con cada obra interpretada. Al final incluso los músicos de la orquesta aplaudían entusiasmados. El periódico New York Times dedicó el 16 de noviembre un editorial lleno de elogios a tan importante acontecimiento.

Dos semanas después de este histórico 14 de noviembre, Bernstein dirigía, por indicación de Rodzinski, ‘Poèmes Juifs, de Ernst Bloch y el 16 de diciembre una nueva sustitución de un director enfermo. En este caso se trataba de Howard Barlow.

El éxito fue indescriptible. Su carrera ya era imparable.

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