El Arte de la Fuga, de J.S. Bach

Manuscrito de El Arte de la fuga

Manuscrito de El Arte de la fuga

Tal día como hoy, 28 de julio, fallecía una de las grandes figuras de la música universal, Johann Sebastian Bach (1685-1750) Nuestro homenajeado dedicó la última parte de su vida a dos grandes obras, La Ofrenda Musical  y El Arte de la Fuga. Esta última quedó incompleta y hay dudas respecto al orden en el que deben presentarse sus distintas secciones. No está claro el plan general de la obra e incluso puede que incluso su título no fuera el que todos conocemos.

No cabe duda de que El Arte de la Fuga BWV 1080 está entre las grandes creaciones de la mente humana. Bien podría considerarse como una continuación de La Ofenda Musical, porque también consiste en una serie de variaciones contrapuntísticas con la misma idea y tonalidad base. Hay también una semejanza entre los temas empleados. Bach omite cualquier indicación sobre qué instrumento utilizar. Posiblemente fue concebida para teclado pero tocada por un cuarteto o cualquier otra combinación instrumental produce un efecto mucho mayor.

El mejor tratado de contrapunto jamás escrito

Al contrario que La Ofrenda Musical, donde la base era la elaboración canónica, aquí se agotan las posibilidades de la escritura fugada. Como veíamos en las Variaciones Goldberg , un tema muy simple es la mejor base para un monumental edificio sonoro. El Arte de la Fuga es completamente simétrica y regular. Bach va alterando de forma gradual el tema y a la vez expone el más completo tratado sobre la composición fugada que jamás se haya escrito.

La obra comienza con un grupo de cuatro fugas. Las dos primeras presentan el tema en su forma original y las siguientes en movimiento contrario. Las cuatro son obras maestras de una belleza sin par.

Las tres fugas siguientes son ‘’contra fugas’’, empleando como respuesta la inversión del tema. Son también fugas en ‘’stretto’’ porque las voces van presentando el tema anticipándose de forma que antes de acabar una comienza la otra. En la fuga número 6 escuchamos unos ritmos con puntillo que representan la sección lenta de una obertura francesa. En la siguiente fuga Bach emplea el recurso de la aumentación y disminución de los valores de las notas del tema.

Tras este genial desarrollo, continúan las fugas 8 a 11 donde el tema se combina con otros sujetos. La 9 y la 10 son fugas dobles y la 9 y 10 son triples. Precisamente la fuga número 9 es ‘’a la duodécima’’. En ella, la nueva idea puede ser colocada tanto arriba como debajo del tema. Del mismo modo la fuga 10, ‘’a la décima’’, puede ser transportada.

Hemos llegado a un punto donde la disposición de las fugas parece muy lógica. Pero a partir de la número 12 notamos una ordenación un tanto arbitraria de los materiales, dejándose notar la ausencia de la mágica mano de Bach, que ya había fallecido. Es sorprendente la aparición de un grupo de cánones a dos voces cuyas líneas melódicas se nutren de variaciones sobre el tema principal.

Sin duda, las fugas más asombrosas son los tres pares escritos en forma de espejo. Las voces se presentan primero en su versión original y después completamente invertidas, como reflejadas en un espejo. El efecto se acentúa más cuando el soprano de la primera fuga se transforma en bajo de la segunda, el contrato en tenor, éste en contralto y el bajo en soprano. Realmente estas hazañas debieron divertir a Bach. El tercer par de fugas posee unas extensiones tan grandes que sólo pueden interpretarse en el clave a cuatro manos. Pero como son a tres voces, una de las manos quedaría sin trabajo. Por ello Bach les añadió voces de relleno.

Sobre el nombre de BACH

Hay bastante polémica sobre las causas por las que Bach dejó inacabada la última fuga, la número 19. En la edición original una breve nota en la portada indica que su mala salud le impidió completarla. Aparentemente es una triple fuga en cuyo compás 193 aparece una nueva idea sobre las notas B A C H, que según la nomenclatura sajona son si bemol, la, do y si natural. Bach incluye así su autorretrato, como un artista del Renacimiento.

Hay historiadores como Hauptmann y Spitta que piensan que este contrapunto no pertenecía a la obra, al no incluir el tema principal. Sin embargo, Nottebohm, famoso por sus interpretaciones de los borradores de Beethoven, descubrió que los tres sujetos de la fuga se podían combinar con el tema principal, sacando la conclusión de que la idea final de Bach era escribir una cuádruple fuga. Esto inspiró a Busoni entre otros a intentar completar la pieza como Bach la habría imaginado.

En pocas obras de Bach quedan tan patentes sus procesos intelectuales como en El Arte de la Fuga. Una vez más, una obra didáctica, que debería ser naturalmente árida, se transforma en la quintaesencia del contrapunto. Bach era capaz de convertir el más frío libro de texto en un cuaderno de cálidos y exquisitos poemas.

Discografía recomendada:

El Arte de la Fuga – Bob van Asperen y Gustav Leonhardt claves

El Arte de la Fuga – Hesperion XX  Dir. Jordi Savall

Partitura de bolsillo editada en Boosey and Hawkes, HPS 101

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Una respuesta a “El Arte de la Fuga, de J.S. Bach

  1. Una fecha que todos los aficionados a la música deberíamos tener marcada en nuestros calendarios!

    Gracias por esta entrada en vuestro blog!

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