El secreto de la técnica de Paderewsky

paderewskyCuando el éxito de Paderewsky se encontraba en pleno apogeo la gente comenzó a comentar que todo era cuestión de largos cabellos y mucha espectacularidad, y que su ejecución pianística era deficiente, por lo que no podría ser considerado un artista serio.

Paderewsky no era un pianista por naturaleza, como Chopin o Liszt. Su talento musical y sus esforzados estudios le habían dotado de una técnica brillante, aunque en ocasiones se le criticaba por ejecutar confusamente los arpegios o pulsar las teclas demasiado fuerte. Henry T. Finck afirmaba que ‘’parece extraer las notas de su manga, como un prestidigitador. Para él no existen las dificultades técnicas.’’ William Mason consideraba a Paderewsky superior a Liszt por su variedad y riqueza de color tonal. Paderewsky lograba esto variando el uso de los dedos, la mano y el peso del brazo y también con ayuda del pedal, para el que había desarrollado una técnica propia. Obtenía un sorprendente efecto de legato combinando el pedal de forma sincopada con las manos  ‘’Parece ejecutar tanto con los pies como con las manos’’, dijo el crítico W.J. Henderson.

Practicar una y otra vez

La adquisición de esta destreza fue mediante un gran esfuerzo, aplicado de forma inteligente. El relato de las pocas personas a las que dio clases son muy ilustrativos. Por muy adelantado que fuese el alumno le obligaba a tocar ejercicios diarios de digitación, primero lentamente para estudiar el sonido obtenido. Después debía apoyar las muñecas sobre el borde del teclado, para que fuesen los dedos los que se movieran. Nuevamente debía comenzar ahora muy rápidamente, para terminar repitiéndolo otra vez lento. El propio Paderewsky se aplicaba a sí mismo su peculiar sistema de aprendizaje. Después de interpretar numerosas veces una pieza en conciertos, regresaba a su casa y la tocaba lentamente, como si fuese un principiante.

Su sentido del ritmo suscitó muchas críticas. Se afirmaba que su empleo del rubato era exagerado. Por las grabaciones que existen de sus interpretaciones, realmente su modificación del tempo era excesiva para nuestro gusto actual pero esto no sucedía en 1890. ‘’Una composición musical, impresa o escrita es, después de todo, una forma, un molde; el ejecutante debe darle vida.’’ Esta afirmación de Paderewsky era ampliamente aceptada en aquéllos tiempos. ‘’El ritmo es orden, pero este orden no avanza en la música con la regularidad de los planetas o del reloj. Refleja la vida humana y está por ello está sujeto a emociones y cambios de ánimo.’’ Se consideraba este aspecto de la interpretación como algo fascinante. Finck explicaba que ‘’la irregularidad de su tiempo es tan natural, tan inconsciente, que uno podría suponer que está tocando de acuerdo a un ritmo estricto.’’ ‘’El ritmo de Paderewsky es impecable’’, decía otro crítico, ’’lo acentúa de manera tal que el fraseo de una composición es expuesto en la forma más clara posible.’’

Todo era cuestión de interpretación. Liszt había sido superado en la parte puramente técnica por pianistas como Thalberg, pero su interpretación era mucho mejor que la de este último. Liszt y Paderewsky tenían una comprensión más profunda de la música porque eran artistas y no solo pianistas.

Cómo llegar a la mente del compositor

Frase por frase, Paderewsky analizaba una composición hasta descubrir el significado de una obra. ‘’Solo después de acercarnos a la mente del compositor podemos añadir nuestra propia personalidad de intérprete.’’

No interpretaba a Bach como lo hacían los románticos, sino como un clasicista. Cada voz era estudiada y expresada y cada parte recibía la misma atención. El secreto del éxito de Paderewsky radicaba en que hacía olvidar la existencia de la técnica, porque la dominaba y lograba que las ideas musicales fuesen interesantes para toda clase de oyentes. Un crítico de Chicago escribió ‘’Tiene una extraordinaria habilidad para imponer a los oyentes la convicción de que una determinada interpretación es la única lógica y válida, sólo porque él la ofrece.’’ Cuando interpretaba una pieza muy conocida el público tenía la impresión de escucharla por primera vez y de que incluso la improvisaba. George Bernard Shaw dijo que después de escuchar su interpretación del Concierto de Schumann pensó que si no hubiera sabido la verdad, habría creído que había sido compuesto por el propio Paderewsky.

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