El ceremonial previo a un concierto de Paderewsky

paderewsky2Arthur Rubinstein, tras escuchar a Paderewsky en 1902, dijo que notó ‘’ciertos defectos técnicos, especialmente respecto a la articulación de los dedos’’. Este problema se agravó con el tiempo y le obligaba a practicar constantemente. Su creciente fama aumentaba también su nerviosismo. Parecía un deportista que se esfuerza por retener su título y durante sus giras todo estaba organizado hasta el más mínimo detalle.

Practicaba gimnasia todas las mañanas, con levantamiento de pesas incluido. El día del concierto se levantaba tarde para estar bien descansado y disminuir la ansiedad de la espera. No comía nada en todo el día. Antes de tocar sumergía las manos en agua caliente y se daba masajes.

Una compleja ceremonia

Una de sus principales preocupaciones era el asiento. El taburete normal le resultaba incómodo. Un día descubrió una silla baja con respaldo que le pareció muy cómoda. Hizo fabricar un juego de sillas como ésa y las repartió por todo el mundo. Había dos en Riond-Bosson, dos en París, dos en Londres y seis en Estados Unidos. Otro aspecto importante era la iluminación. Era indispensable que la sala estuviera en penumbra. ‘’No puedo tolerar la luz brillante en mis ojos mientras toco.’’

Pero aún cuando todo estuviera a su gusto la tranquilidad no llegaba hasta que hubiera abandonado el escenario, cambiado de ropa y recibido un masaje en el cuello y los hombros. Como punto final era necesario un poco de champaña y varios cigarrillos. Sólo después de esto podía sentarse a cenar, tras lo cual jugaba una partida de bridge para tranquilizarse y dormir.

Varios críticos de Nueva York comentan que durante sus actuaciones ‘’permanecía impasible durante los pasajes más emotivos. No se balanceaba en el asiento ni movía la cabeza al compás de la música y sus manos no se elevaban del teclado, como hacen los pianistas de tercer orden.’’ Su saludo también era objeto de elogios y críticas. Un crítico del New York Telegraph dijo que ‘’ninguna niña de escuela de buenos modales saluda tan graciosamente como lo hace el señor Paderewsky.’’. En cambio, Bernard Shaw decía que ‘’esa curiosa reverencia suya que se asemeja al gesto del crítico que se duerme en un concierto y deja caer la cabeza hacia delante, levantándola a tiempo para evitar caerse de narices.’’

Miedo escénico

Paderewsky sufría de pánico escénico. Sentía terror al pisar el escenario y cualquier pequeño ruido durante su actuación le desconcentraba. En ocasiones los tramoyistas debían empujarlo para que saliera a escena. Una vez allí su principal preocupación era el control de la memoria y su concentración.

Durante el último concierto de su gira americana en 1902 entró muy nervioso al escenario. Se detuvo en medio de una pieza y comenzó de nuevo. Después se equivocó en otra. Durante los bises vio a una señora que se marchaba de la sala. Dejó de tocar y la miró fijamente, con ira.

Durante la década de 1900 estaba atrapado en una espiral sin sentido. Comenzó a sentir resentimiento por la necesidad de actuar cuando pero en realidad deseaba hacer otras cosas.

Ganaba sumas de dinero increíbles pero las despilfarraba inmediatamente. El mantenimiento de sus fincas polacas y las personas que abusaban de su generosidad. El administrador de una de sus fincas cometió desfalco y el jardinero se enriqueció con la explotación. El único modo de hacer frente al continuo derroche de recursos era mantener su fuente de ingresos en constante funcionamiento. Su fortuna eran sus diez dedos y debía continuar trabajando.

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