Igor Stravinsky, la música como un ritual

Igor Stravinsky

Igor Stravinsky

Se ha hablado mucho del hecho de que La Consagración de la Primavera apareciera en vísperas de la primera guerra mundial. Si consideramos que este hecho representó una irrupción de la irracionalidad después de más de tres siglos de estar reprimida, es posible ver en esta temprana obra maestra de Stravinsky una insinuación de la manera de escapar del callejón sin salida donde se había metido el hombre occidental.

La consagración de la Primavera constituye una restitución de la naturaleza. Pero no es una naturaleza educada y juguetona como la de Debussy, sino misteriosa y amenazadora. Al igual que en Tristán e Isolda y en Erwartung de Schoenberg hay una interpretación total entre los medios técnicos y el tema manifiesto. Los rituales de la primavera en la Rusia prehistórica y el sacrificio voluntario de una muchacha como víctima propiciatoria a las fuerzas de la naturaleza se presentan en un lenguaje musical que contradice totalmente el prejuicio lógico de la música occidental.

Stravinsky, años más tarde de su composición manifestó: ‘’No hay prácticamente tradición alguna que respalde la creación de la consagración de la Primavera, ni ninguna teoría. Yo oía, y escribía lo que oía. Fui el canal a través del cual pasó La Consagración.’’

Stravinsky no intentó nunca repetir el éxito de esta gran obra, aunque La Bodas es, en cierto modo, una repetición del mismo tema, en el marco de una boda campesina rusa, fusionando los rituales cristianos con los paganos. La idea del ritual es como un hilo conductor que nos lleva por toda su obra.

En la música de Stravinsky está ausente cualquier forma externa de emoción. Como una máscara ritual africana, nos enfrenta con un rostro inexpresivo. Todos los rasgos de la música contribuyen a esta impasibilidad ritual. La yuxtaposición de elementos dispares, como en un mosaico, hacen imposible recurrir a las técnicas de desarrollo utilizadas hasta entonces por la música occidental. Finalmente, está el hecho de que el compositor adoptara, en los últimos años de su vida, la serie dodecafónica como base para la composición.

Un persistente carácter ritualista

Podemos apreciar la persistencia de esta cualidad ritualista en tres obras de períodos muy diferentes de la vida de Stravinsky. Sinfonías para instrumentos de viento, de 1921, escrita en memoria de Debussy, la Sinfonía de los salmos, de 1930, más próxima a los salmos bizantinos y medievales que a las grandes composiciones corales clásicas y románticas. Esta obra no se ocupa de las emociones religiosas del propio compositor sino de crear un estado de ánimo en el que pueda producirse una revelación. En tercer lugar, los Réquiem Canticles, de 1965 tienen una impasibilidad que nos habla mucho más de la vida, la muerte y la eternidad que todos los fuegos artificiales emocionales de los Requiems de Berlioz o Verdi.

En cada nota de la música de Stravinsky apreciamos la incognoscibilidad, la oscuridad oculta en el corazón de la naturaleza.

La contemplación de un misterio es algo jubiloso y la música de Stravinsky, como la de Debussy, induce a un júbilo de índole diferente al de la música de tradición clásica. Es un mundo rico en significados.

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