Evolución de la notación musical II

grafia2Curioso origen de la grafía de los sonidos

El origen de la grafía de la duración de los sonidos es bastante curioso. A principios del siglo XIII empezó a utilizarse la pluma de oca para escribir. Debido a un movimiento involuntario de la mano del amanuense al escribir los acentos, al descender trazaba un rombo y cuando se desplazaba hacia la derecha dibujaba un cuadrado. Esto produjo tres signos distintos.

El acento agudo o ‘’virga’’, un punto rombo procedente del acento grave y un punto cuadrado. Su denominación fue la misma que su nota correspondiente, larga para la virga, semibreve para el punto rombo y breve para el punto cuadrado. Cuando la larga se encontraba sola valía tres tiempos si iba seguida de una breve. Este último valor constituía la perfección, derivado de su analogía con la Santísima Trinidad. Por su parte el valor de dos tiempos era considerado imperfecto, tempus imperfectus. Nuestra actual nota redonda es simplemente el resultado de la transformación de una nota corta de la Edad Media, la semibreve.

En el siglo XIV se utilizaban dos tintas de colores distintos para diferenciar las divisiones binarias de las ternarias. Por comodidad se abandonó más tarde el uso de la tinta roja, optándose por ennegrecer la nota blanca para disminuir la mitad de su valor. El verbo denigrar, utilizado actualmente como sinónimo de rebajar, despreciar, tiene su origen en la notación musical del medioevo.

La partitura impresa evoluciona rápidamente

A través de una larga evolución aparecen en el siglo XVI las primeras partituras impresas. Su desarrollo fue muy rápido. Un siglo más tarde Oracio Benevoli (1605-1672) escribió una Misa a 53 voces, la partitura con el mayor número de pentagramas conocido. Se perfeccionó  también  el sistema de notación para la velocidad, el fraseo y las sugerencias técnicas para cada instrumento.

En la partitura actual encontramos en la parte superior los instrumentos de madera y debajo los de metal. Después se encuentra la percusión y en la parte inferior los instrumentos de cuerda. La dificultad de la lectura por parte del director aumenta cuando se trata de los llamados instrumentos transpositores. Estos instrumentos ejecutan una nota distinta a la que leen. Por ejemplo, un clarinete en si bemol, al tocar un do produce el sonido si bemol y la trompa en Fa emite el sonido fa al tocar el do.

Arreglos orquestales, una moda poco ortodoxa

Otra dificultad añadida a la lectura y el estudio de la partitura es la diversidad de ediciones de la misma obra que presentan importantes discrepancias entre sí. La edición más adecuada debería ser la que represente lo más fielmente posible el manuscrito del autor, aunque éste puede contener errores. Las ediciones presentan frecuentemente las tendencias de la época de su publicación. Durante el siglo XIX, tanto en el género sinfónico como en el lírico, aparecieron arreglos que provocaron muchas críticas.

Como nos relata Berlioz, cierto arreglador utilizó La flauta mágica de Mozart para sus actividades. Añadió compases a la obertura. Creó una aria destinada al bajo con la parte de soprano de un coro. Retiró los instrumentos de viento de una escena y los puso en otra donde no eran necesarios. Alteró la melodía y el acompañamiento en el aria de Zoroastro. Con un coro de esclavos fabricó una canción. Incluso llegó a utilizar trozos de otras óperas de Mozart, como La clemencia de Tito y Don Giovanni. ‘’Cuando esta horrible mezcla fue confeccionada –continúa Berlioz- se le dio el nombre de Los misterios de Isis, ópera que fue representada, impresa y publicada colocando el atrevido arreglador su nombre junto al de Mozart, su nombre de profanador, su nombre de Lachnith.’’

Algunas sinfonías de Beethoven fueron corregidas por Fetis y Habeneck.

También en el siglo XX hubo abusos de este tipo. Se dieron varias interpretaciones de El Mesías de Haendel en las que la orquesta se encontraba aumentada con cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, tuba y timbales. La imaginación orquestal de Haendel le llevó a emplear tres trombones, tres fagotes y un carillón en Saúl, dos órganos en Salomón y un laúd y una mandolina en Atalia. Si utilizó medios más restringidos en El Mesías es porque lo estimó adecuado a carácter de esta composición.

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