La interpretación musical

orquestaLa música no es sólo una sucesión de sonidos ordenados ya que no solamente los sonidos la constituyen. Es fundamental  además que exista una relación entre la obra sonora creada por el compositor y las personas que la perciben. Para ello es necesaria la interpretación.

La dificultad de la interpretación de música antigua

El concepto interpretación se agrupan costumbres y hábitos que, según las épocas y los estilos musicales, se han convertido en reglas fijas. Además, las grafías musicales que se han venido empleando en el transcurso del tiempo no poseen la perfección suficiente para determinar en todos sus detalles las diversas estructuras musicales.

Cuando se estudia la música antigua generalmente se hace sobre el conocimiento del hecho sonoro y se reconstruyen instrumentos similares a los de la época, la mayoría de las veces sobre grabados o láminas antiguas, con lo que se consiguen instrumentos fieles en su forma pero no se puede reconstruir el sonido. De todos modos aunque fuese posible reconstruir los instrumentos de forma absoluta nunca podríamos reproducir el fenómeno musical, solo el hecho sonoro.

Al interpretar música antigua la mayor preocupación reside en el hecho sonoro-acústico pero en realidad se debería intentar lograr un fenómeno musical adecuado. En la interpretación se suele cometer muy a menudo el error de confundir el hecho sonoro-acústico con el fenómeno musical. Una sinfonía de Beethoven no es lo mismo ahora que cuando vivía el compositor, ni tampoco la interpretación de la misma por parte del director.

La improvisación

Hay una faceta de la interpretación que, aunque en los tres últimos siglos ha ido perdiendo interés no deja por ello de tener importancia. Se trata de la improvisación, que consiste en ejecutar música sin preparación previa. Hasta comienzos del siglo XIX los intérpretes no eran completamente fieles a la partitura. De hecho, los compositores anteriores al XVII contaban con la participación improvisatoria de los intérpretes. Esta improvisación se basa generalmente en esquemas armónicos, preparados para ser desarrollados o variados según la imaginación y técnica del improvisador. Si se trata de una melodía, el improvisador la transforma mediante el contrapunto o por medio de variaciones armónicas.

En la Edad Media los instrumentistas y también los cantantes solían adornar las composiciones vocales mientras las ejecutaban.

Este arte de la ‘’coloratura’’ consistía en adornar la música mediante trinos, escalas y otros elementos ornamentales. Así como con variaciones rítmicas y dinámicas. En el siglo XIX aún era habitual la improvisación. Incluso Liszt, en sus comienzos como concertista, llegó a improvisar con las sonatas para piano de Beethoven.

Como en las obras antiguas no existen indicaciones de ‘’tempo’’ ni de ejecución, era el estilo de las composiciones lo que marcaba de algún modo las directrices a seguir. En el siglo XVIII, la escuela de Manheim codifica los recursos expresivos, como el crescendo y el decrescendo, que comienzan a emplearse como efectos orquestales. La dinámica, a partir del siglo XVIII adquiere mayores diferencias de contraste y se convierte progresivamente en un elemento constructivo de primer orden dentro de la composición.

Dos factores para una buena interpretación

Para conseguir una gran interpretación es necesario el dominio de dos elementos, la dinámica y la agógica. La perfecta adecuación de ambos elementos por parte del compositor y su posterior entendimiento por parte del intérprete nos darán una lógica coherencia del fraseo musical. Se entiende por articulación el conjunto de formas de producir el sonido y fraseo es la coherencia de las distintas partes musicales. El término agógica fue introducido por Hugo Riemann par indicar las oscilaciones del tempo dentro de la expresión musical.

El inicio del virtuosismo

En el siglo XVII se inició en Italia el virtuosismo instrumental, especialmente en los violinistas. Después de Corelli, la técnica del violín evolucionó considerablemente, siendo Tartini y la escuela francesa con Viotti los que sentaron las bases de lo que sería la escuela moderna. Por su parte, el género vocal alcanzó  su punto culminante con la ópera napolitana. A finales del XVIII aparece el virtuosismo pianístico, siendo Liszt su figura más destacada. Con Liszt el virtuoso adquiere una nueva dimensión. Además de gran virtuoso es gran intérprete.

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