La cara oculta de las partituras

partituraA partir del siglo XIX la partitura comenzó a ser un fiel reflejo de lo que el compositor quería expresar y ya en el siglo XX una interpretación es mejor cuanto más próxima está al ideal sonoro del autor. Cada línea está dedicada única y exclusivamente a un cantante o instrumentista, que sabe exactamente lo que tiene que tocar. Pero esto no ha sido siempre así. A pesar de que en el Barroco tardío los compositores de ópera escribían la parte orquestal completa de las arias, durante los siglos anteriores la situación es muy diferente.

En la actualidad cualquier director o intérprete que osase modificar o armonizar de forma distinta un pasaje sería criticado duramente. Tomemos ahora como ejemplo las óperas del siglo XVI. En la inmensa mayoría de los casos sólo se ha conservado la parte del canto y el bajo cifrado sobre el que los instrumentistas deben realizar sus desarrollos.

La improvisación

La importancia que se le daba a la música vocal en aquella época puede explicar por qué se anotaba sólo el canto. También debemos tener en cuenta que la interpretación era una actividad artesanal, realizada por auténticos especialistas dedicados de ello a este arte. El nivel del instrumentista era muy alto. Eran capaces de improvisar a varias voces sobre un bajo con sencillas indicaciones armónicas. Sólo a partir de la segunda mitad del siglo XVII comienza a indicarse en las partituras de forma inequívoca la instrumentación que debe utilizarse en las obras.

El ‘’Orfeo’’ de Claudio Monteverdi es la primera gran ópera que se conserva íntegra. En la partitura pueden verse los recitativos escritos a dos líneas. Los madrigales corales a cinco líneas y los intermezzi instrumentales también a cinco partes. En la primera página el autor detalla los 37 instrumentos que intervienen en la obra pero únicamente en unos cuantos pasajes nos dice exactamente los instrumentos que tocan cada parte. En el resto es el intérprete quien tiene la palabra, utilizando su buen o mal criterio. Afortunadamente Monteverdi dejó en muchos de sus escritos bastante claro cómo interpretar sus maravillosas obras, sobre todo en lo referente al carácter y la articulación de las frases.

Otro aspecto importante en la evolución de la instrumentación es la progresiva asociación de un determinado instrumento con el personaje al que acompaña. También los sentimientos de esos personajes eran objeto de esta asociación. Por lo general el afecto y la ternura se interpretaban con la cuerda. Para las escenas de amor lo ideal era la flauta travesera mientras que para lo pastoral se prefería la flauta dulce.

A medida que retrocedemos disminuye por lo tanto la responsabilidad del compositor y aumenta la del intérprete.

5 Respuestas a “La cara oculta de las partituras

  1. Fernando Fabre

    Buena referencia histórica de la partitura.
    Al hilo de este tema, me gustaría saber la opinión sobre las partituras en cifrado (tablatura), muy extendido en la enseñanza de los instrumentos de púa, a nivel no oficial.

    Yo me inicié en la lectura de partituras, antes de estudiar solfeo, por éste método, y reconozco que es muy efectivo para formar rondallas y orquestas de plectro, sin conocimientos de solfeo.

    • Gracias por tus comentarios Fernando.
      Precisamente este fin de semana hemos estado en la Asamblea de la FEGIP y se ha discutido largo rato sobre el tema de la cifra. Ya sabemos que en la antigüedad los instrumentos de cuerda se tocaban utilizando la tablatura y este sistema es utilizado hoy dia por los intérpretes de música antigua con instrumentos originales.
      Personalmente, como profesor y guitarrista clásico lógicamente me inclino por la notación musical tradicional. El lenguaje de la música es universal, una vez aprendido puedes aplicarlo a cualquier instrumento. En cambio, la cifra queda limitada a los instrumentos de cuerda pulsada. Por otra parte puede ser una forma más rápida para el aprendizaje de los músicos aficionados, no profesionales, que deseen interpretar en grupo en una orquesta de plectro. De todos modos la cifra no es más que un código, igual que el solfeo. Quizá requiera un poco más de esfuerzo aprender el segundo que la primera, pero la recompensa es mucho mayor… Y no olvidemos que en la tablatura también debemos indicar los valores de las notas, con plicas sobre los números, siendo en este caso la presentación de la partitura bastante más engorrosa. He visto incluso partituras en cifra donde los valores se indicaban con números (1 para la redonda, 2 para la blanca, etc.).

      Si tenemos en cuenta que la notación tradicional además de sonidos indica valores y ritmo, con la cifra solo nos ahorramos el aprendizaje de la lectura del sonido, pero no el del ritmo. Puede ser una opinión personal pero creo que si existe un sistema perfecto para representar universalmente la música, buscar y utilizar otros alternativos parece una pérdida de tiempo. Aunque, insisto, reconozco su validez a nivel de aprendizaje elemental.
      José Manuel Expósito, Grupo de Cámara ACANTUN

    • A lo que ya se ha dicho me gustaría añadir mi opinión sobre el eterno dilema de elegir entre la tablatura y la notación musical. Como yo siempre digo a todos mis alumnos, por qué no aprender el único idioma en el que la humanidad se ha puesto de acuerdo? Si queremos elevar la música al nivel que se merece sólo puede hacerse a través del lenguaje musical.

      De todas formas la tablatura me parece un buen camino para iniciar la afición a estos instrumentos, para luego darnos cuenta de que nos hace falta algo más. Cuando decidamos pasar de “mecanografiar notas” a “interpretar música”, se nos hará imprescindible aprender este idioma, porque la música está formada por algo más que la altura de los sonidos. Está la dinámica, los fraseos, acentos, silencios, notas que deben permanecer sonando… un montón de detalles que la tablatura nunca podrá cubrir.

      Fernando, te felicito por tu decisión final de haber optado por el solfeo.
      Gracias y espero contar contigo como seguidor de este blog. Me encantaría que hubiera más gente como tu que comentará nuestros artículos, porque esto es lo que pretendemos.
      Un saludo.
      Inmaculada Boix, Grupo de Cámara Acantun

    • Tengo entendido que al Papa le transcriben los textos fonéticamente
      cuando no conoce el idioma que va a leer, de manera que aun sin
      comprender lo que está diciendo, puede hacer intervenciones en
      cualquier idioma. Sólo ha de limitarse a seguir las instrucciones de
      los símbolos que tiene en el papel. Es un método eficaz, práctico, no
      cabe duda, pero no puede sustituir al conocimiento ‘real’ de esa
      lengua. La tablatura tiene, para mí, esa misma carencia: podremos
      llegar a “manipular” un instrumento siguiendo sus instrucciones, pero
      nos limita el conocimiento teórico (‘profundo’, por así decirlo) de la
      música. Conlleva también la tentación de que el aprendiz, una vez se
      ha visto capaz de hacer música leyendo cifra, descarte la posibilidad
      engorrosa de aprender solfeo (ojo, engorrosa sólo si el profesor no
      sabe hacerlo de otra forma) y poder, así, meterse de lleno en las
      entrañas de la música.
      Para mí, la tablatura tiene la única ventaja de llenar las orquestas
      de aficionados con facilidad, sí, pero, ¿a qué precio?
      Ángel Pozo, Grupo de Cámara ACANTUN

      • Fernando Fabre

        Comparto vuestra experta opinión.
        Yo apostaría por empezar por el solfeo. Cuando empecé a aprender (1979), como extra escolar, en Zaragoza no había posibilidad de aprender instrumentos de púa oficialmente. El único sistema para ampliar repertorio en rondallas era la cifra, ya que la medida es igual que la del solfeo, los matices, tempos, compás, etc. Son compatibles con cualquier cuerda de instrumentos.
        Cuando subí el nivel y conseguí entrar en el Ballet Aragonés Baluarte, me encontré con compañeros que se tomaban muy en serio la técnica e intenté aprender de ellos (sobre todo de Pepe Lostaló). Y ahí me topé con el muro del solfeo. Y el handicap de tener que matricularnos en el Liceo de Barcelona para conseguir algún reconocimiento académico. Entonces, para mi fue un paso atrás. Parecía que tuviera que aprender otro idioma.
        En fin que coincido con vosotros en que hay que fomentar el solfeo. Pero la cifra ha salvado la sostenibilidad de las rondallas y orquestas de plectro, hasta ahora, en zonas desatendidas culturalmente.
        Yo ahora estoy viviendo en Valencia y toco en un grupo de danzas valenciana. El nivel es muy flojo. Y mis compañeras, en la cuerda de bandurrias no saben solfeo, ni cifra. Tengo que tocarlo, grabarlo, y todo lo hacen de oído.
        Considero que eso todavía es peor. Y seguimos el hilo.
        Gracias

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