Sinfonía de los Salmos, de Stravinsky

Igor Stravinsky

Igor Stravinsky

En 1950 la Orquesta Sinfónica de Boston celebró el cincuentenario de su fundación invitando a algunos compositores a escribir obras para este evento. Naturalmente Stravinsky se encontraba entre ellos.

Precisamente Stravinsky llevaba tiempo pensando en realizar un gran trabajo sinfónico. Tras larga reflexión decidió adoptar una forma libre que incluyese coro y orquesta. Recurrió una vez más al latín y seleccionó algunos textos de los Salmos Bíblicos. La Sinfonía de los Salmos comenzó a gestarse a principio de 1950 y estuvo terminada ese mismo verano.

Con anterioridad había compuesto el Pater Noster (1930) y posteriormente el Credo y el Ave María. Estas tres piezas, aunque de reducidas dimensiones, nos dan idea de la preparación polifónica de Stravinsky, pero con la Sinfonía de los Salmos una nueva imagen de Stravinsky como compositor de música sacra aparece ante el mundo.

La estructura

La obra se encuentra dividida en tres partes, un Allegro, una doble fuga y un Aleluya. La orquesta requiere cinco flautas, cuatro oboes, corno inglés, tres fagots, contrafagot, cuatro trompas, trompeta en re, cuatro trompetas, tres trombones, una tuba baja, timbales, bombo, arpa, dos pianos, cellos y contrabajos. Curiosa es la exclusión de violines, clarinetes y violas. Además, las voces de soprano y contralto deben ser cantadas por niños.

El primer tiempo es una solemne introducción. Tras una breve intervención de la orquesta entra el coro sobre un diseño creado por el viento mediante dos terceras mayores que se suceden, motivo este que tendrá una función cíclica en toda la obra. Esas mismas terceras mayores formarán el primer tema de la doble fuga y regresará al final, con leves modificaciones.

La primera parte comienza en mi menor dórico y termina sobre un largo acorde en sol mayor, sin que ello suponga una afirmación de esta tonalidad. El coro posee un estilo puramente polifónico y diatónico.

La doble fuga se inicia con las flautas y los oboes. La segunda fuga es confiada a las voces y su desarrollo muestra un dominio del contrapunto digno de la más elevada tradición. Tras unos repentinos fortissimo la fuga termina con un súbito piano, muy suave.

El Aleluya, la tercera parte, comienza en mi bemol mayor pero después de repetir tres veces la palabra ‘’Laudate’’ modula repentinamente hacia un rotundo do mayor sobre ‘’Dominum’’. En el Allegro que sigue escuchamos agitados elementos que nos recuerdan su indudable procedencia romántica. El Allegro continúa arrollador hasta que finalmente se calma con la aparición de un episodio calmado que conduce hacia el final, donde sobre los bajos que oscilan en las notas mi bemol, si bemol y fa, se alza una excelente melodía sobre cuatro notas con las palabras ‘’Laudate Eum in cymbalis, bene sonatibus’’. Esta melodía, repetida cuatro veces, no conduce al Aleluya inicial, donde el inmenso acorde de do mayor de los primeros compases crea en esta ocasión una majestuosa atmósfera.

Sin recurrir al arte popular, Stravinsky consigue que percibamos en esta Sinfonía un profundo carácter ruso.

Discografía recomendada:

Sinfonía de los Salmos – Filarmónica de Berlín, Dir. Pierre Boulez – Desutche Gramophon

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