Petrouchka, de Stravinsky

Stravinsky con Nijinsky

Stravinsky con Nijinsky

Recordamos hoy a Igor Stravinsky, que falleció un 6 de abril de 1971 analizando una de sus obras más conocidas.

El ballet Petrouchka representa el final de la era romántica e impresionista y el comienzo del Neoclasicismo, de la música pura que vive de sí misma. A pesar de ello para el noventa por ciento del público se trata de una música esencialmente descriptiva.

Debajo de su apariencia burlesca no se esconde otra cosa que una obra musical dividida en cuatro tiempos, alegro, lento, scherzo y final. La composición se abre con un fragmento dividido en tres partes, la fiesta popular, el ‘’tour de passe-passe’’ y la danza rusa. El primer episodio tiene forma de rondó y en el segundo Stravinsky tomó materiales de sus ‘’Konzertstück’’ piano y orquesta. El tercer cuadro, un scherzo, termina con la llegada de la bailarina y el Moro. Finamente, el cuadro final es un gran rondó. El desarrollo de los distintos cuadros viene determinado únicamente por razones musicales derivadas de las formas musicales adoptadas por el autor.

Un lenguaje revolucionario

El lenguaje musical adoptado por Stravinsky en este ballet rompe totalmente con el romanticismo y el impresionismo. Aunque la cadencia tonal no está abolida por completo, esta nueva armonía está claramente opuesta a la de Debussy. El preciosismo del lenguaje impresionista ha sido sustituido por un nuevo estilo más objetivo y dinámico, más clásico. Pero a pesar de los equívocos entre una tonalidad y su dominante, la alteración de algunas sensibles y la aparición de sextas mayores en modo menor, no existe por parte de Stravinsky un intento de liberarse de la tonalidad.

En el segundo cuadro hay un constante contraste entre las notas do, mi, sol y fa#, la# y do#. Como expone André Schaeffner en su libro sobre Stravinsky, esta poliarmonía queda aclarada si pensamos que está indudablemente inspirado en la oposición de las teclas negras del piano con las blancas.

Otra genialidad es el trémolo inicial sobre las notas la y sol en la parte superior y re y mi en la inferior. Este trémolo se va agrandando en el último cuadro con armonías que semejan un enorme acordeón, lo que da un clima de feria a toda la obra.

La instrumentación también es anti impresionista. Timbres crudos, elementales, claridad y simplicidad. La orquestación está reducida a o necesario, es toda ritmo, totalmente percusiva. No hay virtuosismo decorativo. Todo es música o mejor dicho, todo es melodía. Es un estilo horizontal y polifónico, con una lejana influencia de los maestros italianos de los siglos XVII y XVIII.

El principio de la polirritmia

En Petrouchka aparece la rápida sucesión de compases de distinto valor que luego será una de las principales características de La Consagración de la Primavera. Stravinsky mantiene como vínculo el valor del tiempo y varía incesantemente el número de tiempos de cada compás: 2/8, 4/8, 5/8, 2/2, 3/8, 5/8. Es un ritmo concebido en sentido melódico.

Petrouchka supone finalmente una contraposición al pensamiento atonal de Schoënberg, en defensa de esa jerarquía sonora que parece ser indispensable al hombre. Este nuevo lirismo descubierto por Stravinsky transforma aquí un mundo aparentemente no humano; más tarde hará cantar a la Tierra en La Consagración y finalmente a los hombres en Las Bodas.

Discografía recomendada:

Petrouchka – La Consagración de la Primavera

Orquesta filarmónica de Londres, Dir. Bernard Haitink

Philips 420 491-2

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