Ockeghem, genio de las matemáticas

ockeghemJohannes Ockeghem (1410-1497) fue uno de los músicos más influyentes de su época pero además puede ser considerado entre los más grandes de la historia de la música. Su talento, que le hace especial y único, era su habilidad en el uso de los más complejos recursos técnicos en sus obras, sin que por ello quedase oculta su gran belleza.

El estilo de Ockeghem está de acuerdo con su época. Gran independencia de las voces, que se mueven en sentido horizontal sin que predomine el ‘’cantus’’ (la voz más aguda). En sus ‘’Chansons’’ aparecer un cantus firmus pero lo hace en la voz de tenor, sin condicionar el desarrollo del resto. Sólo es un medio de marcar un ámbito tonal. Por otra parte, su música sacra refleja las creencias teológicas del momento.

Ockeghem, perteneciente a las primeras generaciones de la escuela franco-flamenca, sirvió a tres reyes de Francia y su labor como cantante le llevó desde su juventud en Notre Dame de Amberes hasta Notre Dame de París, ya en su madurez. Pasó la mayor parte de su vida activa en la Abadía de San Martín, en Tours (Francia).

Johannes Ockeghem era un verdadero genio de las matemáticas. Su prodigioso dominio de la técnica del canon  y su especial uso de las ‘’prolaciones’’ (tempos) y del cantus firmus han ocasionado que durante décadas la belleza de su música haya permanecido oculta.

No debemos dejar que nuestro interés, casi obsesivo, por descubrir un canon o detectar el cantus firmus nos impida disfrutar de su música. La gran habilidad técnica de Ockeghem no hace que descubramos su música sino que la admiremos mucho más.

Su escasa producción comprende 14 misas, 10 motetes, de los que muy seguramente seis son atribuidos y 22 Chansons, algunas de ellas también de dudosa autoría.

Las matemáticas convertidas en arte

La Misa Prolationen es la única obra de la historia que puede compararse a ‘’El Arte de la Fuga’’ de Johann Sebastian Bach (1685-1750). Sus movimientos comprenden una serie de cánones en los que dos pares de voces cantan la misma melodía pero con diferentes métricas (compases) y separadas también por diferentes intervalos para cada una de las secciones.

En la partitura sólo están escritas dos voces, con precisas instrucciones para cantar los diversos cánones con diferentes intervalos y tempos de modo que se consigan finalmente las cuatro voces.

En el canon del Kyrie I las voces van al unísono; en el Christe a la segunda y en el Kyrie II a la tercera. Así continúan separándose hasta llegar al Ossana, donde la separación es de una octava. En las secciones finales vuelven a aproximarse hasta la cuarta y quinta.

Muchos de los movimientos emplean un compás diferente en cada voz, correspondiendo aproximadamente a nuestros actuales 2/4, ‘3/4, 6/8 y 9/8. Ockeghem crea separaciones entre las voces canónicas utilizando dos procedimientos distintos. El primero consiste en comenzar el canon con unas notas largas. Debido a que estas notas largas tienen distinta duración en cada compás, las voces se mueven a diferentes velocidades y se alcanza la separación canónica entre ellas. Tras unos cuantos compases comienza a usar notas rítmicamente equivalentes en cada par de voces y la distancia entre ellas se mantiene hasta el final del movimiento.

El otro procedimiento contrapuntístico empleado por Ockeghem consiste en comenzar el canon con una serie de largos silencios. En este caso, las voces más ‘’rápidas’’ terminan antes sus silencios y cuando comienzan a cantar, las otras voces, más ‘’lentas’’ aún están calladas. La separación así alcanzada se mantiene generalmente hasta el final de la pieza.

Hay algunas excepciones a estos dos procedimientos, e incluso aparecen combinados. En la sección ‘’Et resurrexit’’ del Credo, el par de voces superior comienza a la vez, ganando distancia mediante notas largas. El par grave está en silencio y entra separadamente de acuerdo a la duración propia de sus notas. A veces, Ockeghem lo complica aún más incluyendo en la voz superior largas notas y silencios, lo que causa una variable separación entre las voces.

Realmente es asombroso que una misa que está considerada como una de las obras más bellas jamás compuestas esté compuesta íntegramente utilizando este complicadísimo artificio del contrapunto.

No temamos adentrarnos en el complejo mundo del perfecto contrapunto y de las voces que discurren con entera libertad. Cualquier obra de Ockeghem es buena para comenzar pero no rechacemos su Misa Prolationen por parecernos demasiado complicada y larga. Cuando la hayamos escuchado varias veces quizá pensemos que sería conveniente incluir en la contraportada del disco la siguiente frase: ‘’Cuidado. Esta música puede crear adicción.’’

Discografía recomendada:

Misa Prolationen, Motetes Marianos – The Hilliard Ensemble

Virgin Classics, Veritas Edition, VER 5 61484 2 PM 516

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