La Angélica

angelicaUn instrumento enigmático

Uno de los instrumentos antiguos más enigmáticos es la angélica. Se conserva muy poca información sobre este instrumento. Además, la poca información disponible suele ser un tanto confusa, debido probablemente a dos circunstancias: por una parte, la similitud externa de la angélica con otro instrumento contemporáneo suyo, la teorba francesa para tañer a solo; por otra, su corta vida y su más bien escaso repertorio.

Sin duda, la angélica puede catalogarse dentro de la familia de las teorbas. La principal característica externa de esta familia es el hecho de tener dos clavijeros; en uno de ellos se atan las cuerdas que van sobre el mástil y son susceptibles, por lo tanto, de ser acortadas por la mano izquierda; en el otro, se anudan las cuerdas que van fuera del mástil y sólo pueden tañerse al aire. Sin embargo, lo que distingue a la angélica entre sus instrumentos parientes es sobre todo la afinación. Tanto en los laúdes como en las teorbas el principio fundamental de la afinación de las cuerdas que van sobre el mástil es la mezcla del intervalo de cuarta justa con el de tercera. Así, en los laúdes renacentistas y en la teorba predomina el intervalo de cuarta, mientras que el laúd barroco de trece órdenes es el intervalo de tercera el que más aparece. La angélica, que solía tener dieciséis o diecisiete cuerdas simples, diez sobre el mástil y seis o siete fuera de él, se afina de una manera muy singular; por segundas diatónicas. El erudito James Talbot, a quien tanto debe la moderna organología, nos describe en 1695 la afinación de este peculiar instrumento. Según Talbot, la cuerda más aguda producía un mi de la primera línea en clave de sol; la segunda cuerda, un re, la tercera un do y así sucesiva y diatónicamente, hasta llegar a la cuerda grave, que produciría un re por debajo de la primera línea adicional grave de la clave de fa, en los instrumentos de dieciséis cuerdas y un do en los de diecisiete.

Una extraña afinación

Es muy sorprendente e insólita esta afinación en un instrumento de cuerda pulsada. De hecho, casi podría hablarse de una mezcla de arpa diatónica y laúd. Debido a esta manera de afinar se produce, en el toque de la angélica, una articulación sumamente ligada, similar a la del arpa. Por esta razón, la angélica ocupa un lugar muy singular dentro del grupo de los instrumentos de cuerda pulsada y mástil. Sin embargo, tiene en común con ellos la acción de la mano izquierda y, con respecto a la teorba francesa pequeña para tañer a solo, la absoluta identidad de tesitura: ambos instrumentos llegan en sus cuerdas más graves a un do de dos líneas adicionales por debajo de la clave de fa y en las más agudas, a un mi de la primera línea de clave de sol.

La angélica floreció en la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII, aunque Praetorius menciona en 1612 un instrumento de cuerda pulsada y mástil, afinado también a distancia de segundas diatónicas. Al igual que otros instrumentos contemporáneos suyos, la angélica fue un instrumento menos popular que el laúd y la guitarra, y desapareció de la escena en poco tiempo, dejándonos algún repertorio. Este repertorio está contenido, entre otras fuentes, en el Manuscrito Béthune, llamado así por el nombre de su compilador, probablemente Michel Béthune, virtuoso y profesor de angélica, nacido en 1607 y residente en París en 1642 aunque también podría haber sido otro miembro de su familia. En efecto, se sabe que varios músicos de apellido Béthune estuvieron activos en Suecia a mediados del siglo XVII.

Origen del término ‘’Angélica’’

Sobre el origen del término ‘’angélica’’, que aparece a mediados del XVII, no tenemos certeza alguna. Una de las hipótesis es que el instrumento se llamara así en honor a la cantante, laudista y teorbista Angélique Paulet, admirada por Luis XIII y su corte desde 1608, fecha en la que actuó por primera vez. Apodada ‘’La Leona’’, por su cabello rojo, recibió los honores de Robert Ballard, que llamó ‘’Angéliques’’ a una serie de sus Courantes. Admirada durante toda la primera mitad del siglo XVII, quizás inspiró al inventor de la angélica. La otra hipótesis es que la riqueza de los armónicos y la especial resonancia de las cuerdas haría pensar en las armonías celestiales, en el canto de los ángeles.

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