El dilema de la Transcripción

trans1¿Cine en versión original o doblada ? ¿Literatura traducida o en el idioma original ?

Es un debate en el que los puristas (quizá con un elevado componente ‘snob’) se decantan siempre por la primera opción. Se pierde la frescura y el sentido original que el autor dio (o intentó dar) a su obra.

En música, aunque con ciertas y notables diferencias, se da un caso parecido con las transcripciones y adaptaciones para un instrumento distinto del original.

En mi opinión personal, la cuestión no está en si es conveniente o no la transcripción de una obra. Lo importante es que la música sea difundida y disfrutada por el mayor número de personas posible.

El problema está en que no es fácil realizar una buena transcripción, que no deforme la visión global de la obra pero que a su vez aporte un nuevo interés que venga de la mano de las características técnicas y tímbricas que el nuevo instrumento pueda ofrecer.

En muchos casos una excelente transcripción puede incluso mejorar al original. Podemos ver un caso claro de esto en la música de Manuel de Falla. Pocas personas podrán negar que les gusta más la Danza del Molinero en guitarra (o mejor aún, con dúo de guitarras)  que con orquesta. Lo mismo podemos decir de la Danza de la Molinera, la del Corregidor… El propio carácter de la música de Falla se adapta de maravilla a las seis cuerdas. Y no hablemos ya de Albéniz, quién por cierto decía que la guitarra era una “orquesta en miniatura”.

J.S. Bach realizaba transcripciones y adaptaciones de su obras y no sólo una o dos veces. La suite para laúd BWV 1006a es una transcripción del propio Bach de la suite para violín sólo BWV 1006. El preludio de esta suite es la sinfonía de la Cantata BWV 29. Numerosas cantatas tienen como sinfonías tiempos de los conciertos de Brandeburgo, de los conciertos para violín, clave…

No vamos a entrar en este artículo en detalles técnicos reservados para la asignatura de transposición, pero sí daremos algunas ideas que puedan ayudar a encauzar el duro trabajo de la transcripción y también a que el oyente pueda apreciar la buena o mala calidad de una transcripción.

Lo fundamental es no dejarse llevar por el afán de reproducir una copia exacta de la música original. Cada instrumento tiene su propia técnica y características tímbricas y cualquier intento de “no olvidarse ni una nota” puede llevarnos al fracaso. Obtendremos una partitura fiel al original pero necesitaremos unos cuantos dedos extra para tocarla… y los constantes saltos desvirtuarán la obra hasta hacerla insufrible no sólo para el ejecutante si no también para el oyente. Tampoco debemos caer en la tentación de añadir más notas de las necesarias, en el caso de partir de un instrumento monofónico (o casi), como por ejemplo el violín. Una obra para violín no debe sonar en la guitarra como un solo violín, ¡pero tampoco como cuatro! Todo tiene su justa medida.

Un buen análisis completo de la obra, marcando el límite inferior y superior en los sonidos nos ayudará a elegir la tonalidad adecuada. En el caso particular de la guitarra es fácil dejarse llevar por el sufrido recurso de la sexta en Re y transcribirlo todo a esta tonalidad pero es necesario que nos lo tomemos con más calma. Tan importante como el análisis horizontal de la obra, relativo a la melodía, es el vertical, la armonía. Con una guitarra, por ejemplo, no podemos tocar ocho o diez notas, como con el piano y por lo tanto tendremos que reducir los acordes teniendo muy en cuenta las tradicionales leyes armónicas, para evitar acordes huecos, y realizar una correcta digitación para que la obligada disminución del volumen sonoro se note lo menos posible o sea disimulada por algún efecto especial del nuevo instrumento.

Siguiendo con el ejemplo de transcripción de piano a guitarra, seguramente necesitaremos realizar muchos cambios de octava debido a la diferente extensión de ambos instrumentos. En este caso debemos tener cuidado de que este cambio (que será habitualmente ascendente) quede un tanto enmascarado por las otras voces y si esto no es posible sería preferible replantear toda la frase en la zona aguda.

Otro aspecto muy importante es el estilo musical de la obra. Si realizamos una transcripción de laúd renacentista o vihuela a guitarra no caigamos en la tentación de utilizar ligados. En esa época todas las escalas rápidas eran picadas y la mayoría de los acordes se ejecutaban en modo arpegiado, utilizando los ligados para los adornos. Del mismo modo, y al contrario de lo que muchos piensan, en el Barroco sí se utilizaban los ligados. “A Bach hay que tocarlo picado ”. Grave error. Recomiendo a todos los lectores que escuchen a José Miguel Moreno, el gran maestro de la vihuela, el laúd, la teorba y cualquier instrumento antiguo de cuerda pulsada, y asistirán a una lección magistral de interpretación y buen sonido.

En definitiva las transcripciones deberían ser siempre entendidas como una recreación de la obra (pero no una ‘recomposición’), una nueva visión que no debería compararse con la original más que sus aspectos armónicos y melódicos más básicos.

Bibliografía recomendada:

Interpretación de la Música,  Thurston Dart – Editorial Victor Leru, 1978 – Argentina- Distribuido en España por Real Musical, Madrid

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