El Didgeridoo, un regalo de los dioses

Aborígen australiano tocando el didgeridoo

Aborígen australiano tocando el didgeridoo

El Didgeridoo es un trompeta natural. Recta, sin boquilla y con una longitud de un metro y treinta centímetros, es un instrumento utilizado por los aborígenes del norte de Australia, de la tierra de Arnhem. Existen más de cuarenta nombres autóctonos distintos para él: kambu, pampuu, garnbak, illpirra, Yiraki y otros muchos facilitados por el profesor Trevor Joves, de la Universidad Monash. Se trata posiblemente del instrumento más antiguo del mundo. Para su fabricación, los aborígenes entierran una rama de eucalipto en un nido de termitas. En un principio también se utilizó el bambú. Los insectos roen la parte blanda del centro del tronco, agujereándolo. Después se limpia el agujero y se le aplica cera de abejas, especialmente en la embocadura. Finalmente se decora por la parte exterior. Las ramas pueden también vaciarse a mano pero el sonido no es tan perfecto.

Existen diferentes variedades de eucalipto, que proporcionan distintos timbres al didgeridoo. Las más utilizadas en el norte son el Eucalyptus tetrodonta y el Eucalyptus miniata.

Un regalo de los dioses

Existen varias leyendas sobre el origen del didgeridoo. Para los aborígenes australianos este instrumento fue un regalo de los dioses, los Wandjina. Estos eran una raza que llegó a la Tierra para poner sobre ella a las criaturas y los paisajes. Cuando los Wandjina se marcharon dejaron como señal de su paso el Didgeridoo. Según las creencias, este instrumento genera un campo sonoro que es una puerta tridimensional a través de la cual unos y otros, dioses y humanos, puede viajar y comunicarse. El didgeridoo se utiliza en ritos ceremoniales, funerales, o al atardecer. También se usa para invocar a los dioses y para curar a los enfermos. El chamán dirige el instrumento hacia la zona afectada y sopla. Creen que los armónicos producidos curan al enfermo. Hemos de destacar que está prohibido a las mujeres ejecutar el didgeridoo en público.

Otra leyenda habla de un personaje llamado Bur Buk Boon, que se encontraba preparando maderas para hacer fuego. Encontró un leño vacío con termitas en su interior. Para no dañar a los insectos, dirigió el tronco hacia arriba y sopló. Las termitas fueron proyectadas hacia el cielo, formando las estrellas e iluminando del paisaje. El sonido del didgeridoo sonaba por primera vez en la Tierra, protegiéndola con su sonido vibrante para toda la eternidad.

Una técnica muy compleja

El sonido del didgeridoo es muy peculiar, grave y vibrante, intenso y persistente. La palabra didgeridoo significa ‘’conectar el alma con la tierra’’, y ese es su principal fin, logrando que el ejecutante, mediante la técnica de la respiración circular, alcance un estado de bienestar y relajación. Este instrumento es un medio de comunicación. Con su extraordinaria memoria, los aborígenes pueden tocar siempre la misma melodía. Aunque para nosotros es simplemente un instrumento musical, para ellos es un elemento de su cultura.

Para que el didgeridoo emita su particular sonido es necesario dominar la llamada respiración circular. Básicamente consiste llenar las mejillas de aire y expulsarlo a la vez que por la nariz inspiramos más aire, haciendo vibrar los labios. Aunque en principio pueda parecer imposible, no existe ningún impedimento biológico para hacerlo. Dicen los expertos que en unas dos semanas puede conseguirse, practicando primero con ayuda de una pajita. Pero son necesarios muchos años para dominar perfectamente esta difícil técnica. Incluso se emiten sonidos con la garganta a la vez que se sopla.

Los bosques en peligro por la moda del didgeridoo

Con motivo de la celebración de las Olimpiadas de Sydney en 2000, aumentó considerablemente el interés por el arte aborigen y especialmente por el didgeridoo, cuyas ventas se dispararon espectacularmente. Para poder cortar una rama de eucalipto y fabricar el instrumento es necesario contar con un permiso especial del gobierno australiano. En 2000 la Comisión de Parques y vida salvaje, que gestiona los bosques y las reservas naturales de los Territorios del Norte, emitió más de tres mil autorizaciones.  Ver vídeo de un aborígen tocando el didgeridoo

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